BICENTENARIO
Enviado por Efer Arocha
EN HOMENAJE A CHARLES DARWIN
EL DARWINISMO ENTRE LA LITERATURA Y EL REINO DE LO ABSURDO
Por Efer Arocha
Escritor
París, 12 de febrero de 2009

Todo comienza a la manera literaria, un simple relato de viajes que fue posible, por esas raras apreciaciones y decisiones humanas que nacen de la generosidad, el interrogante o la simpatía. Un joven de nombre Charles Robert Darwin, anhela formar parte de una expedición cartográfica que tiene como objetivo graficar la costa marítima de América del Sur. El problema es que no hay espacio en un buque con el apelativo Beagle.

Buque Beagle
Todo depende del capitán Robert FilzRoy quien decidió a última hora permitirle embarcarse gracias a la intervención del naturalista John Stevens Henslow amigo del futuro viajante. Darwin era oriundo de Scherewsbury, un poblado inglés. Allí nació un 12 de febrero de 1809. Sus inmensos deseos eran el de ser un pastor de la iglesia anglicana; pero la vida decidió otra cosa, porque en ella la mayoría de las veces, uno no hace lo que quiere, sino lo que puede. En esa partida el ganador fue Darwin para la alegría del progreso de la ciencia. De regreso publicó su primer libro relatando el viaje, hecho que lo hizo célebre. Pasaría a la inmortalidad con el texto, El origen de las especies por selección natural. Libro que abandonó la tipografía un 24 de noviembre de 1850, con un tiraje de 1250 ejemplares ya vendidos en su totalidad.

John Stevens Henslow Robert
FilzRoy
A ello debe la humanidad el haber resuelto una de las grandes preguntas, que desde luego había sido por siglos el reto complejo a resolver, aquél que plantea cuál fue nuestro origen. La curiosidad, una de las grandes fuerzas del pensar, que es una de las esencialidades del hombre, lo conduce siempre a interrogarse sobre lo que no comprende, y de buscar hasta hallar una respuesta que le dé satisfacción, como curiosidad y como solución. La respuesta no es una simple palabra, sino que es todo un constructo que encierra múltiples contenidos afinados y bien depurados, hasta lograr la categoría del concepto, la cual integrada en la estructura del pensamiento se convierte en un interpretador y orientador de la reflexión, para luego transformarse en acción del sujeto pensante.
En esta fenomenología, resultado de la acción de la percepción y la elaboración conceptual, aparece un espacio que es capital y que permite la existencia del movimiento del acto del pensar. El movimiento está entre la interrogación y la respuesta; en ese inaprehensible entre un punto y otro, que es aquello que establece la distancia; el movimiento, es distancia fenomenológica. Si no hay respuesta la acción de pensar es nula y el movimiento no puede darse. En este planteamiento no se cuestiona la calidad de la respuesta. Si ella es falsa o verídica el resultado es el mismo, puesto que lo que aquí estamos analizando, es el acto cognitivo en la dimensión de la historia en el proceso del pensamiento. El movimiento es el que produce la modificación, o como dicen los dialécticos: el cambio; quid en el cual se sostiene una parte de la corriente filosófica, antítesis de la otra parte, las que en una lectura en lenguaje epistémico se expresan así: la primera es cognición subjetiva derivada de la deducción intuitiva, y la segunda cognición objetiva sustentada en la plena prueba. Analizadas como las hemos descrito, en apariencia no hay ningún problema, pero al entrar en análisis, recurriendo al movimiento como una de las herramientas aptas para ascender al juicio en el plano de lo verídico, el asunto no es evidente, porque tomado el movimiento dentro de los parámetros de la memoria, su manera de existir y de expresarse va del desacierto al acierto. De lo subjetivo a lo objetivo en un complicado ovillo. He aquí hoy el conflicto que nos ocupa, el de ser consciente que somos animales iguales a los demás, producto de un proceso de evolución donde nuestros choznos fueron los primates, y cuyo descubrimiento se amerita a Darwin.
La evolución es un proceso general de la naturaleza que se expresa en el movimiento, el cual es sumamente complejo analizar en todo el conjunto donde hace presencia. De nuestra parte nos limitaremos exclusivamente a lo esencial de los efectos y reacciones sobre la concepción darwinista del universo.
Empezamos por acceder al conocimiento histórico que implica seguir un camino inverso en el proceso de movimiento ascendente, muy distinto al alcanzado hoy por el método de comprobación científica; que en este trabajo denominaremos la certeza o cognición objetiva, cuya conquista ha sido un proceso largo y dificultoso, que siempre ha estado condicionado por el valor de la calidad de la percepción que empezó su trayectoria en lo simple, en lo obvio y elemental, para ir desarrollándose en dirección de lo complejo, hasta alcanzar los contenidos que exige el valor del juicio concluyente, en aquello que no admite duda porque es prueba incontrovertible. Entonces, nos encontramos frente a la verdad trascendente, categoría del conocimiento, la cual para poder realizarse le es indispensable su contrario, el elemento relativo, el que desde la perspectiva de la historia es una antítesis; o sea, un contrario, es aquello que niega la verdad. Estamos en el centro de la paradoja. ¿Qué es lo objetivo o el acierto? Es la manera como se entendió y se explicaba el universo conocido mediante una percepción elemental, en los momentos en que se inicia la historia del pensamiento. Condición determinante para alcanzar el estadio del homo-sapiens. La respuesta la han resuelto variadas disciplinas científicas hoy, sólo que la filosofía no la ha sistematizado ni se la ha apropiado. Ella es lo subjetivo; es decir, el desacierto. El desacierto es aquello que fue verdad irrefutable por intuición o deducción analógica, y que se mueve dentro de los parámetros de una supuesta hipótesis, erigida en la observación y deducción empírica, al margen del método de la comprobación que garantiza acceder a lo objetivo, es decir, a la ciencia, que establece la prueba. La prueba no puede darse en este periodo porque ella corresponde a un estadio muy superior, que exige un complejo proceso de acumulación del saber en el espacio y en el tiempo. En los primeros pasos de la formación de la sociedad humana no puede haber ciencia, puesto que ésta es el resultado de múltiples avances en el conocimiento y dominio de la naturaleza. El hombre primitivo se explica todo lo que lo rodea usando su imaginación, él supone. Su primer constructo es ficcional. Cuna de la literatura, que es otro saber emanado de lo subjetivo encerrado en las categorías cognitivas del arte.
En la expresión del movimiento; en el sentido del aprender, en la conquista del saber; la ignorancia, no es ignorancia; sino es todo lo contrario, saber, y no un saber cualquiera, un saber pleno y total. Piedra angular que permitió la elaboración de los elementos necesarios para construir el primer concepto que explicaba la existencia del mundo circundante; condición sine qua non para poder lograr establecer las condiciones de la coherencia del acto de pensar. Como puede colegirse, estamos frente a una contradicción que es el piso de lo absurdo, puesto que no hay espacio para el pensamiento lógico en razón de la inexistencia de la ciencia. Sin embargo, analizado en el plano de la historia, lo lógico es el absurdo, el desacierto, la mentira. Aquí estamos frente a uno de los grandes placeres que produce el pensar, esa belleza que ofrece la especulación por el sólo hecho de la divagación; privilegio de los pensadores griegos que apenas se ha dado una vez en la historia, donde la filosofía tiene un sentido vivo, porque se resiste a vivir entre el sueño de los anaqueles. Por ello, encontramos que la verdad sólo puede ser verdad, habiendo sido fundamentalmente falsedad.
Veamos: En el proceso del conocimiento, la percepción del hombre primitivo estaba obligada a explicarse el mundo mediante los recursos que tenía a su disposición. Cuando nuestros antepasados interpretaban la causa de la lluvia, la oscuridad, el sol, la luna y demás fenómenos naturales, su percepción escasamente abarcaba los efectos, porque los veían, sentían y los padecían. Efectos que en ocasiones eran benéficos y en otras perjudiciales. Nos encontramos en la realidad, en su ahí incontrovertible e inobjetable. En ella surge un POR QUÉ, una interrogación con mayúscula. La lluvia cuando correspondía a las necesidades de cultivo, crianza y existencia humana, les era necesaria, y por ello, benéfica. Mientras que en otras ocasiones, en las mismas condiciones, tenía efectos catastróficos por la cantidad de agua, grado de humedad, descargas eléctricas y todo lo que contienen los ciclones, vendavales o recios aguaceros, con inundaciones que aún hoy en día no nos hemos podido liberar de ellas. Entonces tenemos que cuando los fenómenos naturales resultaban positivos orientaban el pensamiento de nuestros ancestros en una dirección, y cuando contenían el rasgo negativo iban en otra completamente opuesta. Verdadero reto para la comprensión humana que necesitaba hallar una explicación y también una solución para el fenómeno cuando era flagelo. Como la percepción se movía sólo en el efecto y no en la causa, la que en ese momento se ubicaba a centenas de años para ser asequible; la reflexión primitiva halla una solución. Elabora uno de los grandes aportes al pensamiento de la especie. La observación la conduce a la deducción. En el seno de la deducción nace la primera gran categoría de la filosofía y de la ciencia, la INTUICIÓN, que es pensamiento subjetivo. Aquí estamos en la gnosis, en el plano de la pura abstracción, en la fiesta del pensar, que está preñada de una necesidad de la abstracción. La abstracción para que pueda ser abstracción, afirmación de sí misma, tiene que manifestarse mediante su contrario, visualizar su carácter negativo, aquello que la hace relativa. Es el ser y no ser, y esto sólo se logra si se manifiesta a través de la realidad circundante. Tener un sustento de palpabilidad, ser aprehensibilidad que refrende la existencia del concepto como entidad de lo abstracto. Es aquí donde surge otro pilar del pensamiento, la HIPÓTESIS, entendida en el sentido del espacio y del tiempo donde hace presencia, porque ella ha evolucionado en la medida en que el pensamiento lo hace. Los pensadores preclaros de los albores del pensamiento, se sirvieron de ella para elaborar una compleja explicación de todos los fenómenos naturales que les beneficiaba, y otra muy distinta cuando les eran adversos.
Su percepción confrontaba dos fenomenologías bien distintas. La más frecuente venía de lo alto, como se ha anotado anteriormente; pero otra surgía del centro de la tierra con la erupción de los volcanes que les producía terror y espanto. Un acto verdaderamente colosal, misterio absoluto. Ante este cataclismo, el hombre primitivo y también el moderno están indefensos. Los dos hechos fuerzan a neuronas y dendritas del hombre salvaje a elaborar el primer concepto de la certeza de la cognición subjetiva, contraria a la objetiva. El hallazgo de UNA FUERZA SUPERIOR a él. Aquí es donde tiene origen el Teísmo, explicación divina del universo, raíz del creacionismo de hoy, pilar de la metafísica y una de sus ramas, la teología.
Sin la explicación divina de la naturaleza, el hombre no habría podido lograr acceder al pensamiento. Ella es su primera elaboración conceptual. Resultado de una larga y profunda reflexión tanto espacial como temporal. Fueron necesarios miles de años para fundir este tipo de pensamiento. En filosofía se describe como el dominio del Ser sobre el Sujeto, cognición subjetiva del Ser, donde Ser y Sujeto no están desligados porque el segundo es continuación del primero, asomando apenas ligeras diferencia.
Tenemos entonces que la FUERZA SUPERIOR -Teísmo-, es una categoría no de la certeza subjetiva. Punto capital. Ella es la expresión de su opuesto. Es certeza objetiva; es decir, verdad. En los albores de la civilización, el hombre primitivo no disponía de herramientas para elaborar un juicio distinto. Su percepción por aguda que fuera, le permitía escasamente imaginar a través de la observación empírica un camino que lo conducía a la deducción, lo que se transforma en intuitivo, en oposición a lo objetivo.
Al no poderse explicar la cognición de la certeza objetiva mediante el método de razonamiento lógico, por la imposibilidad de ascender a la causa de los orígenes de los fenómenos del Ser, el hombre del pretérito mediante la acción empírica derivada del trabajo, empieza a desdoblar la hipótesis de lo subjetivo, dando pasos muy tenues que le permiten empezar a comprender lo inexplicable de los fenómenos del Ser. El sujeto primitivo comienza a descubrir una distancia separadora, entre él y su medio. No de manera espontánea o accidental, sino como la consecuencia de que él ha logrado empezar a incidir sobre la naturaleza. Lo comprueba la domesticación de los animales, plantas y la construcción de vías. El dominio del Sujeto sobre el Ser produce efectos de trascendental consecuencia. Ser y Sujeto se influyen; es decir, se afectan mutuamente. En ambos hay un cambio, una modificación. Cuando el Sujeto transforma la naturaleza por la acción de transformarla, ella lo transforma a él. Fenomenología que funde las bases que origina la conciencia en el sentido propiamente dicho. Es intrascendente si es divina o no. Lo capital es que la conciencia construye la identidad del sí mismo; o sea, soy y existo. Momento maravilloso, nuestros ancestros han franqueado el espacio y el tiempo que les permite en adelante ser gnosis del Ser. Primer movimiento cualificativo en la relación entre naturaleza y sujeto en formación gnoseológica.
Con lo anterior, hemos demostrado que en el proceso de acceso a lo verídico, lo primero fue lo subjetivo, entendido como imaginación y en consecuencia sola HIPÓTESIS. Ella es objetividad. Y lo que hoy caracterizamos como veracidad, verdad o certeza, fue todo lo contrario, subjetividad. Fenomenología que hizo posible la gnosis, una gnosis arcaica, que es la autora de lo que hoy llamamos conciencia, que en lo categorial cognitivo se expresa en el juicio. La conciencia es pensamiento condensado. La conciencia nos trasformó, desde entonces no fuimos los mismos. Adquirimos en razón del movimiento una nueva calidad conocida hoy como humana. La conciencia es la que en adelante dirigirá nuestros actos mediante elaboraciones complejas. En el análisis que nos ocupa, la acción reflexiva hace un gran avance en la construcción de un pensamiento coherente, deduce que los fenómenos naturales son poseedores de una conciencia al igual que el Sujeto, son seres vivientes superiores a él. Tienen una supra-conciencia; como lo dice el poeta Barba-Jacob, "solución del misterio en el misterio oculto".
Al considerar que la fenomenología del Ser tiene un comportamiento al igual que los humanos, este raciocinio saca a flote el principio de la semejanza en un amplio abanico, que va desde la imagen hasta el principio de identidad recíproca. La cual desde la perspectiva de lo mítico, es donde la acción reflexiva fundó sus cimientos para convertirse en una cantera desbordante, fuente primigenia para poder entender lo que hoy somos.
El estadio mítico recorre un espacio y un tiempo, siendo influido tanto desde el exterior como del interior, hecho que lo llevan a modificarse de manera permanente en múltiples direcciones haciendo presencia la Agorería, el Animismo y otros. Fenomenologías que explicaban coherentemente el mundo circundante, algunas de ellas han llegado hasta nosotros casi intactas.
En el tejido mítico paulatinamente se va enraizando y perfeccionando la idea moderna de lo divino en sus expresiones politeístas y monoteístas, sobresaliendo la idea de FUERZA SUPERIOR. Lo que sigue es la historia de las religiones y los cimientos gnoseológicos de la metafísica con su variante teológica. Sin embargo, es al Animismo a quien debemos la cualificación desde el ángulo del pensamiento el haber escalado los peldaños para ascender al homo-sapiens.
El Animismo no es el resultado escaso de la reflexión. Lo determinante fue el Principio de Necesidad de la realidad material. El hombre en estado salvaje veneraba a algunos animales para apoderarse de sus cualidades o para contrarrestarlas porque eran superiores a él. A los paquidermos los evaluaba seres superiores porque poseían fuerzas colosales frente a la suya. Otros volaban, nadaban y corrían a velocidades inigualables comparadas a las que él tenía. La mayoría lo devoraba o le causaba graves daños; como ocurrió con en el Tigre de los Dientes de Sable que estuvo a punto de exterminar la especie humana.
El hombre primitivo para lograr esta fenomenología construye un tejido intrincado de actos que se convierten en un verdadero mundo, cristalizándose en liturgia sustentada en el rito. Lo complejo del rito exige la especialización de ciertos individuos de la comunidad. En ese basamento se crean las condiciones para el surgimiento del brujo, y un poco más tarde el chamán, que son los hombres de ciencia de la época. Ellos recurren a muchos medios para alcanzar sus objetivos, entre éstos está la semejanza mediante el recurso de lo mimético, la máscara y otras utilerías propias del teatro. Recurriendo al dibujo, la FUERZA SUPERIOR adquiere presencia en el seno de la tribu. La imagen surgida del trazo es la representación del animal venerado del cual aún hoy hay vestigios en las cavernas. En términos de la historia el Animismo no es subjetivo, sino es una explicación lógica y racional de la complejidad de los fenómenos naturales, puesto que el nivel de desarrollo de la comunidad primitiva no podía explicarse el mundo de otra manera.
Por el principio de acumulación, que es cantidad, la cual no es estable ni permanece quieta, por el movimiento interno se transforma en calidad. Calidad cognitiva. Es por esto, que una vez resuelta las interrogantes inmediatas en torno de los animales que lo rodean, el Teísmo aborda lo alto, viene el asalto del cielo. Esto es el resultado de que empieza a intuir algunas causas de los fenómenos de las alturas. Distingue por ejemplo que hay un fenómeno que es lluvia y otro que es su contrario, la sequía. Diferencia entre la luz y la oscuridad. Distingue entre los que es un río y el mar, y así sucesivamente. Este sustento que es material y por lo tanto objetivo, le permite hacer su segunda gran elaboración teística, no por voluntad o curiosidad, sino por necesidad de entender y explicarse el misterio en el cual se encuentra sumido para lograr un beneficio. Con el conocimiento adquirido construye un segundo mundo no desconectado del primero, pero sí bastante diferenciado. Es entonces cuando se dan las condiciones para el surgimiento de las divinidades tutelares. Con el sol, la primera relación que tiene el hombre primitivo, es de parentesco; todavía hoy encontramos rezagos en algunas etnias en vías de desaparición que lo catalogan como hermano, igual sucede con la lluvia, la luna, el mar u otras. Son esos nexos condensados en códigos que la tribu tiene a su interior, para comportarse entre los conceptos de familias y las relaciones sociales. Luego de una larga práctica de parentesco con las divinidades tutelares, los pensadores primitivos constatan que este tipo de nexo no se ajusta a una concepción armónica, puesto que el Sujeto y el Ser contienen grandes diferencias cualitativas. Es la diferencia del hombre y los fenómenos que logra modelar la categoría teológica de Deus. El movimiento que sigue en ascenso nos lleva al estadio de la fenomenología, donde los astros adquieren la cualidad de la omnipotencia divina; esto ha llegado hasta nosotros y sigue aún vigente en algunas comunidades indígenas. Ellos adoran al dios sol, la diosa lluvia, etc. Explicación del mundo completamente válida, porque se enmarca plenamente en lo lógico. El hombre primitivo ha comprendido plena y cabalmente, la importancia que tiene para la vida la existencia de esa gama de fenomenologías del Ser. Siguiendo la necesidad como en las etapas anteriores, buscando el favor para beneficiarse, las festeja a través de sus ritos que son halagos, imploraciones, ruegos, y anticipa sus agradecimientos ante las presuntas satisfacciones imploradas. Todo lo anterior se sucede en el seno de la comunidad rural que desencadena la urbanización. En lo temporal sólo podemos fijar un tiempo aproximado que va de los sesenta a los cuarenta mil años antes de nuestro calendario. Los asentamientos urbanos que son entidades sumamente complejas, originan condiciones para el surgimiento de actividades completamente nuevas que en el mundo de la ruralidad no eran posibles, como fueron la construcción de navíos, dando lugar al nacimiento de los astilleros; los textiles, con el telar alterno de pies y manos; la cerámica en gran escala; la fundición de metales; la artesanía; ingeniería; arquitectura. Una verdadera revolución sustentada en el sedentarismo que generó por primera vez en la historia de la especie abundantes bienes materiales y servicios, permitiendo sobrantes que se transformaron en acumulación, y por esta condición eliminaron el trueque, dando origen a una nueva modalidad de intercambio de mercancías, que hoy conocemos como el comercio, el cual engendró el dinero. En este contexto de una realidad nueva y distinta, la semejanza tratada anteriormente, se transforma y prácticamente queda irreconocible, puesto que se han dado todas las condiciones para que sea reemplazada por la imagen simbólica, donde la figura humana se asocia a la FUERZA SUPERIOR; o sea, a Deus, y que en metafísica, en el plano teológico, se le denomina como el imago-dei. En los primeros asentamientos urbanos, el hombre por analogía comienza a controlar la primera causa de la sequía, y para liberarse de ella, en las zonas rurales, en los campos agrícolas recurre al regadío, y en las ciudades al acueducto. Desde el punto de vista del conocimiento nos encontramos ante la certeza de la cognición objetiva que le permite construir mediante el movimiento, siempre en ascenso, una nueva explicación del mundo, la que es por una parte lógica, y de la otra subjetiva. Explicación plasmada en múltiples matices del imago-dei. Los especialistas que se dedican a la clasificación y estudio del fenómeno, han censado cantidades exorbitantes que suman miles y miles de cultos desaparecidos, que contienen leyendas y verdaderos mundos intrincados inmersos en la subjetividad de la historia, los cuales llenan vacíos convirtiéndose en herramientas para entender nuestro pasado.
Por razones de brevedad, en el presente análisis nos basta con citar algunos ejemplos conocidos del público, de civilizaciones aún muy recientes, como es el caso de los griegos. El dios Hermes que tenía bajo su cuidado a los comerciantes, estaba simbolizado por una figura humana que portaba un sombrero, sandalias aladas, llevando un caduceo de oro -varita mágica con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. También cumplía el trabajo de mensajero. Existían también los dioses detestados como Ares, que era el dios de la guerra, agresivo y sanguinario. Los romanos le cambiaron el nombre por Marte.

Hermes
Ares
Esposo de la codiciada Afrodita, diosa del erotismo. Para cumplir su misión se asociaba con divinidades menores como Deimo que se encargaba del temor, y Fobo del terror. El dios Hades, divinidad que tenía a cargo los muertos. Hijo del titán Cronos y de la titánide Rea, hermano de Zeus y de Poseidón. Los trabajadores también tenían sus dioses; a los metalúrgicos los protegía el dios Hefesto, quien era cojo y desgarbado y por ello lo expulsaron del Olimpo al momento de nacer. Hemos descrito una de las funciones del imago-dei desde la perspectiva teológica, que corresponde en la historia de las religiones, al periodo politeísta. Sin embargo, el imago-dei, en el plano de la filosofía tiene otra función, en ese nexo de filosofía y política en el ejercicio del poder. El poder político por sí mismo no puede realizarse, puesto que es una generalidad concreta, que no obstante de ser veracidad; es decir, objetividad, no puede funcionar como lo que es. Es un ahí por fuera de la acción, porque carece de las distintas manifestaciones del movimiento que les son necesarias para convertirse en una categoría activa; tanto al estado arcaico como al moderno le son inherentes, para entrar en movimiento y para ello necesita sustentarse sobre columnas que lo conforman, siendo éstas las que lo corporizan, lo vuelven tangibilidad para poder entrar en acción. Columnas que están constituidas por dos realidades distintas: la infraestructura que se manifiesta a través de lo material, como son las distintas instituciones del estado; y la superestructura que se ubica en lo abstracto, en la cual se emplaza la fenomenología del imago-dei. Desde la perspectiva de la memoria, en lo que concierne a lo puramente urbano, el Teísmo sufre un movimiento de descualificación, se desdiviniza, en razón de que la génesis de lo divino; que en este caso es la FUERZA SUPERIOR; la inmortalidad no es un asunto del alma, sino del cuerpo. La ossa adquiere un papel preponderante, ella debe alcanzar ahora el funus imaginarium, concepción que puede situarse a partir de la Edad de Bronce, entre nueve y siete mil años antes de nuestro calendario y que fue practicada por distintas civilizaciones sin excluir las orientales, mesopotámicas, griegas y romanas. Una de las pruebas de lo anterior la encontramos en Herodiano, quien nos cuenta que el senado en pleno exigía un testigo jurado, que certificara haber visto ascender hacia el cielo, el cuerpo del finado emperador. La primera prueba de este pasaje la encontramos en el relato de Cassius Dionysius quien juró ante el senado haber observado con sus propios ojos, el ascenso del imago-dei del emperador Augusto subir al infinito. Esto garantizaba que se le debía construir un templo adorársele como a un dios, venerando su ossa en el sepulcro con todos los ritos que exige la divinización. Ello dependía de las condiciones políticas, puesto que cuando se preparaba la ceremonia para divinizar a César, el senado debió anularla porque fue proclamado como Divus Julius. La resurrección y elevación al cielo de Jesús es apenas la continuación de la tradición antes descrita, con un agravante, puesto que es un acto puramente imaginario debido a que esta divinidad carece de la prueba que pueda certificar su verdadera existencia en el área del Monoteísmo.
El imago-dei presenta en el movimiento contradictorio un cruce de imagos. El Politeísmo se sustentó en la certeza de la cognición objetiva; de una parte está el Ser con sus distintas fenomenologías que son reales, a partir de las cuales se forja el Ser-imago, en el espacio en que la naturaleza es naturaleza, donde la imagen es producto de la semejanza; es por esto que en los registros históricos encontramos Ser-imago con rostros de animales, plantas, soles, lunas, rayos, etc. Movimiento primero en acceder al imago. Ocupa este lugar en la construcción porque es fuerza todopoderosa, que en lo fundamental viene desde arriba hacia abajo. En el otro polo se forja el homo-imago, causa antes tratada, que va desde abajo hacia arriba. Para lo espacial en tanto que acción cognitiva resulta un hecho decisivo. Todas las religiones ubican sus dioses en lo alto en lo que hoy conocemos con el sustantivo de cielo. Él es felicidad y esencia del goce, meta a alcanzar para traspasar el placer infinito. En el goce eterno está la realización suprema de la vida, que es un bien. El bien no puede tener existencia sin su contrario, el mal. He ahí el pilar central del Deísmo. La moral religiosa se ha cristalizado. En filosofía ha hecho aparecimiento la corriente maniqueísta que consiste dividir a la sociedad y al individuo entre buenos y malos; primera consecuencia de lo alto. El cielo es también sede por estar arriba de una gama de valores entre los que se encuentra la Jerarquización y las Auctoritas. Antropología y etnología de la verticalidad. La pirámide del poder dual, divino y humano ha sido concluida. Lo que sigue desde entonces es la aplicación de la jerarquización del poder con las consecuencias nefandas de todos conocidas.
Cuando el sujeto, en un movimiento de ascenso cualificativo se diviniza por necesidad política del estado, porque es superestructura de él mismo, se dan las condiciones para la germinación del Monoteísmo, que es la simbolización del sujeto divinizado. Nos detendremos mínimamente en los fundadores de las tres más grandes religiones monoteístas que han llegado hasta nosotros. El Monoteísmo es antes que todo un acto literario, que se arma mediante narraciones que siendo esencialmente incoherentes; la literatura, mediante la metáfora, parábola y todo los recursos propios de la retórica, logra una verosimilitud amalgamando la prueba indirecta con la hipótesis ficcional, se crea un texto de connotaciones divinas con principios éticos y una moral mística, que presenta un rasgo de certeza de la cognición objetiva acerca del origen del mundo, de la vida y de todo lo que existe. Es la estética al servicio de la metafísica, y como en la metafísica el asunto no es de prueba, sino de convicción; para ser más preciso de fe, la literatura hace presencia con una descripción en prosa poética.

Buda pronunciando el discurso sobre
Salvatoriano, de Warner
Sallman
las cuatros grandes virtudes
El día correspondía a una luna llena, los ojos lo veían todo, no había diferencia
entre el día y la noche. Era mayo del 523 antes de nuestra era, cuando cansado después
de infructuosos años de penetrantes meditaciones se sentó debajo de una higuera sagrada
en Uruvela. Una afluente del río Ganges que pasaba muy cerca del lugar, entre su oleaje
de ir y venir estableció una melodía para aquél que habiendo entrado en reposo absoluto
dispuesto a no moverse hasta no alcanzar el verdadero conocimiento, el cual le sobrevino
durante la noche en el momento del amanecer, logrando una concentración que lo aisló del
mundo para poder escapar a las tentaciones que con este fin dispuso el dios Mara, y fue
así como Buda obtuvo la iluminación. Y desde ese momento comenzó a predicar sus
doctrinas, sostenida en las llamadas cuatro verdades nobles: "el mundo es
sufrimiento, del sufrimiento se derivan los deseos humanos, para alcanzar la salvación
hay que renunciar al deseo y la salvación se consigue a través de ocho
principios
" Sobre Buda no hay la prueba que el historiador necesita para
establecer la veracidad, pero no se puede negar su existencia en tanto que ser humano,
puesto que se ha establecido por la llamada prueba indirecta, a través de las tres
grandes fuentes de origen religioso: los vinayas, el buddhacarita y los zutta-pitaka,
documentos muy posteriores al tiempo en que vivió. Se presume que provenía de una
familia de clanes altos hindúes: los sakyas. Su pensamiento se enmarca en el campo de la
teología. Su misticismo analizado con el nivel de la ciencia médica de hoy es un hecho
bien esclarecido para médicos, psicoanalistas y sicólogos.
Mahoma es fenómeno reciente, pues data del año 600 de nuestro calendario. Al igual que el anterior, lo sagrado es una urdimbre literaria mitológica donde hay vestigios del relato arcaico, presencia ficcional de otros credos como el judío; presenta una especie de nudo narrativo como soporte de su coherencia teológica. En cuanto a la certeza de la cognición objetiva, su dimensión es la de un personaje de la historia; en él todo es humano, virtudes y defectos. Fue preponderantemente un hombre político y un guerrero con todas las implicaciones que en su tiempo emanaban la acción violenta.

Mahoma
No obstante, el portón de su divinización, según el Corán, se inicia con un relato de connotación religiosa. Siendo muy joven cuando ejercía el oficio de pastor en el desierto, se le presentó el ángel Gabriel, quien le encomienda misiones divinas. Contrae matrimonio con una viuda, nombrada Khadija, en su compañía deciden vivir en unas cuevas cercanas a lo que hoy se denomina La Meca, lugar donde recibe la orden divina de predicar el camino de la felicidad. De La Meca sale para Medina en el año 622, fecha en que se inicia la era musulmana. Logra construir un imperio político empleando el elemento religioso como un principio de unidad en torno de su doctrina, donde se prioriza la vida material y lo espiritual es secundario.
Jesús es la más bella ficción literaria de la historia de las religiones. Fueron muchas las horas dedicadas a desentrañar algo que nos permitiese referenciar cómo constatar una prueba directa o indirecta, acerca de la presencia de esta controvertida divinidad. Todo fue en vano, puesto que en el rigor que exige la evidencia para el historiador imparcial, no hay nada. Su presunto pasaje por la vida es una excelente elaboración de la literatura fantástica. Como es un asunto finiquitado por los distintos especialistas de la historia, nos detendremos apenas en un hecho clave faro del tema. En la historia del Imperio Romano encontramos la presencia de Titus Flavius Josephus. Patricio de condiciones singulares, comenzando por su doble nobleza. Noble judío por línea materna y noble igualmente por padre, perteneciente a una prominente familia romana. Político de excelente formación intelectual. En función imperial vivió en Jerusalén, pero sobre todo en Galilea buscando morigerar las sublevaciones populares. Él tenía cierta simpatía hacia la causa judía. Sobre su experiencia en los territorios escribió dos libros donde consignó sucesos de todo orden, sin escapar los ínfimos. Libros titulados De Bello Judeorum (sobre las guerras judías), Antiquitatum Judaicarum (antigüedades judías). El lapso registrado por Titus Flavius corresponde exactamente al tiempo en que debió vivir Jesús, sólo que él no lo menciona en parte alguna.

Titus Flavius Josephus
El Ser-imago-dei visto antes en los fenómenos naturales, y el homo-imago-dei cuya simbolización en su máximo nivel de cualificación lo representan las tres concepciones Monoteístas tratadas anteriormente, se constituyen en una unidad supra-humana de sujeción. Aparece un poder bicéfalo cuya característica es la especialización. En lo concerniente a lo objetivo, lo material, lo que en lenguaje religioso es lo terrenal, es una área de incumbencia del estado. Lo teístico, área de las divinidades que no tienen la facultad de corporización, por carecer de materialidad, no dejan de serlo, todo lo contrario. La influencia sobre lo concreto puede resultar mayor y más eficaz que la codificación ejercida por el estado a través de la norma jurídica. El código divino carente de palpabilidad está constituido para afectar la conciencia que es la que decide todos los actos volitivos, los cuales finalizan en una decisión material, que tiene como orientación el beneficio concreto ajustado a lo divino. Es de fuerza concluir que la binalidad funde una unidad de comunidad de intereses, cuya esencia del poder es la satisfacción del anhelo, mediante la acción de la dominación.
La fenomenología binaria, resultado de lo necesario para lograr fundir los dos pilares en una unidad de poder, necesita recurrir a una categoría de carácter subjetivo que es lo sagrado, piedra de toque de la metafísica que genera la legitimización del poder divino, el cual se originó en las calidades excepcionales del brujo y del chamán en el Animismo, para luego seguir un hilo conductor hasta el estadio en que hemos venido analizando, donde sacerdotes y en ocasiones jefes políticos, adquirían la cualidad de lo sagrado, fenómeno desaparecido sólo muy reciente, como es el caso de los reyes. La construcción de esa inmensa mole que es el poder, no es resultado del movimiento idílico de los distintos avances de la acción cognitiva En la conquista del saber se presentan múltiples oposiciones, y una de ellas contiene el principio de aniquilación por destrucción. El Teísmo lleva en sí, lo mismo que el poder irracional, sus fosas a cuestas, a la cual le ha hecho Darwin, su lápida.

Descubrimiento del fuego
Fogata
En un espacio temporal el homo-faber fabrica el cuchillo de sílice, logra su primer invento el anzuelo, descubre el fuego, domestica plantas y animales, y observando que las aves y otros animales ingieren determinadas plantas cuando están enfermos, empieza a curarse de la misma manera que ellos lo hacen, iniciándose con esto la historia de la medicina. Tenemos entonces que desde el mismo momento que aparece el Teísmo, éste lleva consigo los elementos de su propia destrucción, así éstos no se manifiesten en la superficie, a causa de que el polo dominante es lo teológico con sus múltiples variantes entre las cuales se encuentra el Creacionismo, y de la otra su opuesto que durante un largo proceso, como lo hemos tratado correspondía a lo objetivo, puesto que lo cognitivo no correspondía a este nivel, sino a lo subjetivo, cuando el concepto de Deus era la única explicación posible.


Cuchillo de sílice
Pero en la medida que el proceso cognitivo avanza mediante la certeza de la cognición objetiva, la cual se sustenta en tres columnas: el conocimiento científico, conocimiento estético y abstracción filosófica, estos tres constituyentes cuajan el conocimiento humano. Cuando en la historia de las creencias logra el nivel del Monoteísmo, se sucede una transformación radical en el mundo mítico. El hechicero, el augur y el chamán eran oficiantes mediadores entre las distintas fuerzas superiores y la comunidad. Lo mítico presentaba una armonía, puesto que existía una correspondencia de intereses sociales con los que cumplían la función de intermediarios. Intermediarios y comunidad buscaban los mismos objetivos, el bienestar social. El brujo era curandero, el augur invocaba a los espíritus para ahuyentar los males, y el chamán era polifacético, empezando por la alquimia y la fundición de metales. Época fabulosa de la concepción mítica. Como la certeza de la cognición objetiva se encuentra en constante cambio y transformación, va respondiendo a todos los interrogantes de la etapa antecesora no con respuestas teóricas, sino en hechos concretos, iniciando el sedimento material de lo que hoy llamamos civilización. En el nuevo estadio los mediadores primitivos pierden su rol, el cual es reemplazado por nuevos intermediarios quienes presentan una nueva relación entre lo que antes era mítico y ahora adquiere una expresión nueva cualificativa, empapada entre lo místico y lo teológico. El fenómeno no es espontáneo ni racional, es la consecuencia del surgimiento de la propiedad en el estadio del esclavismo, donde el sacerdote hace parte de la casta en el poder en la cual tiene intereses propios y bien definidos. Su predominio en el seno de la sociedad está garantizado por el servicio de mediador teológico.
Aparecen en lo social dos formas de poderes: el material dirigido por un jefe político, y el divino por el sumo sacerdote, guardián del templo. De ahí que todo lo que socave, debilite o destruya los valores religiosos debe ser cortado de raíz, asunto racional, puesto que se presenta una lucha de intereses; no de orden divino, sino de orden material. Es por esto que las religiones han dejado tras de sí una estela de horrores en todos los campos de la sociedad humana, sin exceptuar los animales que hicieron y siguen siendo grandes tributos para perpetuar el absurdo. Los distintos dioses han producido más dolor en su nombre que todas las enfermedades juntas padecidas por la humanidad. En el aspecto central que aquí nos ocupa, la concepción teística ha sido siempre enemiga furibunda de la veracidad. Nos limitaremos a citar un solo caso de los miles que registra el movimiento de oposición entre lo místico y la verdad. Se trata de una mujer académica, precursora de la universidad de hoy llamada Hypatia.

Hypatia
Erastóstenes
Matemática, astrónoma y filósofa propagadora del conocimiento de la certeza de la cognición objetiva. En pleno ascenso del catolicismo teodosiano, fue muerta a pedradas por una turba de cristianos enfurecidos, en un día de marzo del año 415 de nuestro calendario, en el momento que abandonaba la cátedra de matemáticas que dictaba en el fondo de la biblioteca, en Alejandría. El crimen fue urdido, al parecer, por el patriarca Cirilo de Alejandría. Esto para referirnos al dolor entre teología y certeza objetiva, porque en el plano del conocimiento, las ciencias siguiendo el movimiento ascendente, han tenido que aclarar uno a uno los distintos misterios naturales. Nos detendremos igualmente en un solo ejemplo de los millones de fenómenos científicos resueltos hasta hoy en su confrontación con el absurdo.
Una gama de conocimientos había hecho grandes avances, entre los cuales la tierra descubría sus complicadas incógnitas. Un polígrafo llamado Eratóstenes de Cirene, 275 antes de nuestro calendario, que ejercía como crítico teatral, poeta, matemático, historiador, astrónomo, bibliotecario nombrado por Ptolomeo III de aquella famosa, se le considera también como el fundador de la geografía. Meditando sobre una lectura leída en un libro de papiro que decía que el 21 de julio, solsticio, día más largo de verano, cerca de la primera catarata del Nilo, una estaca en posición vertical no proyectaba sombra coincidiendo que el sol se reflejaba plenamente en el agua, dedujo Eratóstenes que los rayos caían perpendicularmente sobre su propia cabeza. Por intuición quiso establecer una comprobación, y el 21 de julio sembró la misma estaca en Alejandría en pleno mediodía descubriendo que proyectaba sombra. Reflexionando con criterio científico se interrogó por qué la estaca de Siena no proyectaba sombra, mientras que la de Alejandría que estaba situada al norte, sí. La conclusión para Eratóstenes fue simple. Si la tierra era plana dos estacas puestas, cercas o a gran distancias no tenían porque proyectar sombra. Fue entonces cuando Eratóstenes comprendió que la única respuesta posible era que la tierra estaba curvada, y luego comprobaría, que a mayor curvatura mayor era la longitud de la sombra. Él sabía que la distancia entre Alejandría y Siena era de 800 kilómetros porque contrató a un hombre para que la midiera a pasos. Basado en el trabajo de campo logró establecer que la circunferencia terrestre era de 250.000 estadios. Un estadio equivale a 157,5 metros, medida que apenas da un error de 70 kilómetros con los instrumentos de precisión con los cuales contamos hoy, tales como son los satélites. Nos encontramos en la confrontación entre el conocimiento y lo absurdo.
No vamos hacer un señalamiento de las consecuencias negativas derivadas del accionar del absurdo, puesto que sobre esto hay volúmenes que demuestran hasta la saciedad lo nefasto que para la sociedad y el hombre en su condición individual, ha tenido el orientarse por la concepción teística. No podemos resistirnos señalar un mínimo ejemplo. Si la humanidad hubiera seguido el camino de la certeza de la cognición objetiva trazada por la atomistas griegos, no hay la menor duda que hoy poblaríamos el cosmos, y no sufriríamos las miserias materiales que nos achacan, ni tampoco el cáncer, estrés o alzheimer que nos aquejan. Pero no fue así, el peso de la ignorancia resultó más fuerte que el del saber.
A Charles Darwin, hombre de ciencia, hoy 12 de febrero de 2009, con emoción y llenos de placer le conmemoramos el bicentenario de su nacimiento, por haber legado al conocimiento El origen de las especies y otros textos, permitiéndonos conocer todo el ciclo evolutivo de animales antropomorfos, porque eso es lo que somos, simples animales y nada más, íntimamente relacionados con lo inanimado como son los minerales, interrelacionados con la vida vegetal y estrechamente ligados con el resto de la vida animal. No somos más que una simple elaboración zoológica, perteneciente al género de los placentarios, mamíferos, vivíparos, etc. Frente al movimiento continuo del Ser, apenas sí somos una accidentalidad fenomenológica. Existimos para no existir, somos los portadores del pesimismo trascendente. En términos categoriales resulta ser lo mismo, nacer o no haber nacido, porque nuestra finitud termina en el ahí del último hálito de nuestra conciencia, en el tránsito de lo animado a lo inanimado. Nuestra interrogación mayor se sitúa entre lo finito y lo infinito, en el acceso a la eternidad que la teología nos había resuelto por el camino de la quimera, gozando de una vida eterna en las alturas, mejor denominada como ya lo anotamos, cielo; disfrutando de una vida placentera en compañía de un ser omnipotente que presentaba la cualidad de ser eterno, porque estaba por fuera de la categoría del espacio y del tiempo. Como vemos, zumo concentrado de la literatura fantástica, reino de la ilusión. Asunto muy distinto es adquirir conciencia de la certeza de la cognición objetiva, descubrirnos en nuestra condición real. Somos entidades finitas perecibles. El carácter perecedero que es una de nuestras esencias, no tiene por qué generarnos una angustia existencial a causa de nuestra intranscendencia en el plano de lo infinito. El infinito no es nuestra razón de ser. Nuestra pasión está enmarcada en el espacio y el tiempo en el que transcurre la vida, y ése sí es un problema que nos concierne ahora y aquí. Nos encontramos en el estadio de lo finito; ello no significa que la especie no logre conquistar la infinitud, todo parece indicar que será así.
Nuestros problemas son el ahora y el aquí. Darwin dio respuesta al problema de la evolución; pero a éste le antecede otro, el origen de la vida. Para entender este fenómeno se necesita tener una formación de la certeza de la cognición objetiva; esto implica que la tierra tal como la conocemos hoy, es un momento en el tiempo. Antes era distinta y en el futuro será diferente. El océano primitivo, antes de ser salado pasó por un estado sulfuroso y de otras cualidades, donde partículas elementales, a causa de millones y millones de combinaciones químicas, adquirieron la cualidad de estructuras complejas. Lo demás es evolución como acertadamente lo define Darwin, la vida surgió en el océano Recie. Sobre esto encontramos abundante elementos de comprobación. Primera respuesta al Creacionismo. El Creacionismo toca otro punto el cual tratamos antes, que es el problema de la infinitud. Esto está resuelto por la filosofía atomista desde la más remota antigüedad en la paradoja del ciego y el bastón. El ciego con su bastón siempre está golpeando el límite, un límite sin fin que no tiene dirección, puesto que no existe el centro, ni el arriba, ni el abajo y tampoco el lado. Esto fue lo que precisamente acabó con la geometría de Euclides, a un límite sigue otro, porque donde termina ése da origen a otro distinto y por esto es que el universo carece de límites y es infinito. En términos filosóficos no hay un momento primero ni otro después, puesto que el universo carece de principio y de fin, todo está en completo movimiento y transformación. La certeza de la cognición objetiva echa por tierra la hipótesis del Big-Bang. La manera de ser de la materia está en el movimiento pasando de un estado a otro, en un tiempo y un espacio delimitado, donde se presenta un cambio, sea en la calidad o en la cantidad. No significa por ello, que en el tiempo haya un instante en la cual se crea. Ella ni se crea ni se destruye. Otra cosa que es muy distinta, es que ella no escapa a la categoría del principio de oposición, conocido en la física actual bajo el rótulo de antimateria, pero esto es otro problema que no incumbe al tema. Si lo anterior es verídico entonces por qué surge el Creacionismo y su consecuencia el fenómeno religioso. La historia de las religiones es el producto de sus propios intereses, que como lo hemos anotado, no son divinos, sino extremadamente humanos en el sentido material de la economía. Esa es la razón de su existencia fundamental.
Pero para poder proyectarse en el tiempo, ha seguido un proceso de acomodamiento al avance constante del conocimiento. El Politeísmo frente al Monoteísmo representaba, desde la perspectiva actual, una ventaja no despreciable digna a tenerse en cuenta. En materia creyente había un equilibrio tácito entre lo público y lo privado, no obstante que en las sociedades antiguas hubo siempre entre lo creyente y lo no creyente, un candente conflicto atizado por los intelectuales, que en el caso de Roma sobresalían los poetas y algunos juristas y pensadores esclarecidos.
En el plano de la devoción, en el ejercicio religioso, lo público correspondía a la veneración de divinidades que cobijaran todo el territorio de la República o grandes centros urbanos como Roma, a quienes se calificaban como divinidades genuinas, en razón que estaban basadas en la tradición sobre todo rural, donde el Animismo tenía una presencia notable como lo fue la alegoría Lupus Martius, los frisos de una cerda con sus treinta cerditos, las serpientes alimentadas en el templo de la Bona Dea. En armonía se encontraban las grandes deidades, es el caso de Júpiter que tenía su sede en el Templo del Capitolio, cuya responsabilidad era salvaguardar toda la República, acompañado con Juno y Minerva, mejor conocida como la tríada Capitolina. Marte era otro coloso de lo público, responsable de conducir las tropas a la victoria, por ello era el dios de la guerra. Y de acuerdo a las necesidades del estado se aceptaban dioses extranjeros y se les insertaban en la creencia o en parte de los ritos. En esto los romanos eran abiertos, ejercían una verdadera y auténtica democracia divina.
En Roma no sólo era ya visible, sino que estaba claro y bien definida, la diferencia entre el carácter religioso de lo público y de lo privado que resultan ser elementos importantes en la concepción moderna para el tratamiento del ciudadano homo-religiosus. En lo público la concepción divina abarca el conjunto social definido en lo espacial por los límites del Imperio o la República. Dentro de esta limitación la religión tiene un rol bien preciso en el ejercicio de gobernar. Se establece el binomio del que antes habláramos entre el poder público y el poder divino, no en el sentido de la legitimación, puesto que la fuente del derecho, en el caso de la República, emanaba directamente del derecho al sufragio de aquéllos que tenían la categoría jurídica de ciudadanos romanos; es decir, el romano que podía ejercer el voto para elegir la representación. La representación es entonces la legitimación. En el Imperio, la legitimación surge fundamentalmente de la fuerza militar. En algunos casos cuando el hombre se hace dios es un aval más a este tipo de legalidad. En lo concerniente a lo privado, donde la religión está al servicio de lo doméstico, tanto las grandes familias patricias como la de los ciudadanos romanos y plebeyos, en lo rural y urbano, cada hogar tenía sus propios dioses, que no eran los dioses que estaban al servicio del estado, sino otros muy distintos que pertenecían exclusivamente a cada familia. Las divinidades jugaban un papel de utilidad, su presencia era la de ayudar a resolver las necesidades del hogar. Es por esto, que en la sociedad romana se presentan distintas jerarquías y calidades de culto que son determinados por el estatus social del creyente, consecuencia de esto, cada divinidad tenía su propio culto de acuerdo a los deseos del pater familia, ejercido siempre por el varón de mayor edad, el cual a su muerte lo sucedían por edad, parentesco o consaguinidad. Las mujeres participaban en el culto después de casadas. Esclavos y huéspedes temporales participaban igualmente. Este tipo de ceremonial del hogar era íntimo, tocando el nivel del secreto, y no era objeto de comentario por amistad o vecindad. Esto llevó a decir a Polibio que los romanos eran más religiosos que sus propios dioses. En cuanto a lo económico la familia absorbía todos los costos, los que implicaban una suma significativa; por pobre que fuera un hogar tenía un espacio dedicado al dios de su devoción donde se incluían hasta muebles. En las clases adineradas, en los pórticos y lugares exteriores se hacían códigos que sugerían el tipo de deidad venerada.

Mubles de cultos familiares encontrados intactos en
excavaciones de ciudades romanas
Visto lo anterior en este estadio que nos ocupa, el fenómeno religioso, no obstante de presentar diferencia de grado, su causa en el sentido cognitivo, es la misma. El movimiento de la certeza de la cognición objetiva ha hecho enormes progresos, pero no es el polo dominante. Lo predominante es la explicación teística del universo que se agravará con la institución del cristianismo como religión oficial del Imperio. Occidente vivirá un milenario de tinieblas que comienza a despejarse con el Renacimiento que permitió el desarrollo de nuestra modernidad. A partir del Renacimiento se sientan las bases para la revolución científico-técnica, partiendo de las ciencias naturales, mecánica, energía, sistemas de transporte, hasta llegar a la revolución industrial, que hizo posible que el conocimiento teórico se materializara en conocimiento práctico en un aceleramiento tal, el que cada día es más rápido. Si tomamos como referencia el calendario gregoriano se necesitó milenio y medio para duplicar el conocimiento adquirido en la antigüedad. A partir del Renacimiento con sólo doscientos años, se duplicó ese conocimiento para luego seguir de cien en cien y descender a cincuenta. Y en este momento hay ramas de las ciencias que en una semana se duplica todo el conocimiento anterior, y en ocasiones sólo se necesitan veinticuatro horas, para doblar el conocimiento como sucede con las observaciones astronómicas. Es tal la información nueva que se recoge en un día, que se utilizarían treinta años para sistematizarla con las técnicas de metodización usadas actualmente. Los avances científicos son tan marcados y en una cantidad tan desorbitante que hoy no es posible que un científico por brillante que sea, conozca todo lo que concierne a su campo de investigaciones.
El movimiento cognitivo emanado de la ciencia y la técnica en el sentido cualificativo, se expresa también en la cantidad. La calidad en su accionar interno genera la cantidad, la cual en lo objetivo da como resultado el nacimiento permanente de nuevas ciencias y técnicas. Esto ha echado las bases para el surgimiento del homo-cientificus, el que tiene por primera vez objetivos muy distintos en el campo gnoseológico en el proceso del conocimiento. Los intereses del Teísmo han logrado hasta hoy bloquear la investigación pura en torno del Sujeto; sin embargo, la correlación de fuerzas entre la acción cognitiva y el reino del absurdo, han empezado a cambiar a favor del conocimiento. Cambio que es visible en la investigación genética, biología y ciencias afines, entre las que tiene un espacio especial el estudio del cerebro.
El cerebro empieza a dejar de ser un secreto, y lo que es más impresionante, el hombre ha construido su propia inteligencia, pues hoy estamos ante el hecho que las máquinas piensan a cierto nivel con mayor eficacia que el cerebro humano, realizando determinado tipo de tareas. El pensamiento virtual no se avizoraba siquiera apenas algunos años atrás. En el pensamiento de hoy no hay ningún espacio para ninguna fuerza superior al margen del Ser; es decir, la oposición actual no es entre el Teísmo y el Sujeto, el concepto de divinidad no sólo no tiene vigencia, sino que su presencia, ya sea en lo social o lo individual, es un absurdo. La religión, cualquiera que sea, niega al hombre en tanto que ser pensante, ella es irracionalidad humana. Entre el concepto del Teísmo y la cognición no hay oposición, en razón que la gnosis demolió el piso del andamiaje gnoseológico de la metafísica; y esto sucedió ya hace muchas décadas. Uno de los grandes méritos de la asepsia cognitiva, la humanidad se la debe a Charles Darwin, quien dio un paso de gigante en el avance de la ciencia. Él ha contribuido también a esclarecer concepciones, puesto que hoy no existe sustento para seguir hablando de una concepción oriental y otra occidental. Lo que hoy vivimos es la confrontación entre el saber y la ignorancia; entre la oscuridad tenebrosa del exacerbado Teísmo, propio de la Edad Media, y el saber que ha conquistado el espacio, pues ya hemos empezado a vivir en nuestros satélites artificiales, donde nuestros cosmonautas van y vienen siguiendo el camino de los grande viajeros como Marco Polo y Colón. Señal que muy pronto abandonaremos esta tierra para habitar mundos distintos donde nuevos retos nos esperan.
Sin embargo, la realidad nos demuestra otra cosa, que a lo largo del análisis que hemos venido haciendo, la concepción subjetiva del mundo; esto es lo religioso, continúa manifestándose, no obstante la carencia de espacio en lo cognitivo. En el pensamiento de hoy no hay espacio para fuerzas superiores divinas; así sean tan sutiles como algunas teorías cósmicas del primer instante del universo. Como hemos demostrado, la naturaleza no tiene principio, ni fin, ni límite. Ella existe únicamente de dos formas de lo finito a lo infinito, y a la inversa, lo demás es literatura. Pero la conclusión así sea verídica como es la nuestra, no resuelve nada para el sujeto creyente.
El misterio lo encontramos en la Melancolía Necesaria, o expresado en términos literarios, en el anhelo que satisface la necesidad; en aquello que es deseo de la utopía intrínseca del individuo en tanto que ser social en pos de la felicidad; en aquello que es deseo de la utopía intrínseca del individuo en tanto que unidad; es decir, en el plano de la pura imaginación, consecuencia de no poder realizar la utopía en lo material. En lo que corresponde al ser social, sólo es desentrañable si se usa el método teniendo al individuo como una categoría de lo histórico. En los abisales del pretérito al iniciar este trabajo, señalamos que el principio de necesidad había echado las bases para el surgimiento del Animismo. El hombre primitivo frente a los animales se encontraba en un estado de indefensión, en inermia absoluta, logrando sobrevivir porque mediante la acción reflexiva logró escapar a su destrucción. Es en este lapso donde se sedimenta la Melancolía Trascendente; esto es, él lucha por adquirir las cualidades de los animales superiores y no lo logra, sólo accede a la nostalgia como recompensa. En ese transcurrir de cientos de miles de años, la Melancolía Trascendente, que en filosofía se describe como el principio de obstáculo epistemológico, en el cual el sujeto en tanto que categoría pensante no sigue las fuentes de la ciencia, sino su elaboración subjetiva de sus deseos fantásticos de lo que a su juicio debe ser la felicidad, corporizándose en el deseo de la imaginación literaria. Tenemos entonces que el individuo frente a cada realidad en el proceso de memoria sustituye lo objetivo por lo subjetivo. Todo esto como ser social en el contexto de lo histórico. De otra parte tenemos el individuo en su expresión de unidad. Como unidad no es abstracto, sino algo muy concreto, él es tangible y palpable y está ubicado en un espacio y un tiempo concreto que lo influye, y en ocasiones lo determina. En su unicidad, él es por una parte género, que es lo que le ha permitido ser una categoría de lo histórico, pero de la otra no lo es, en razón que cada individuo es único, diferente a todos los demás, diferencia que va desde la forma hasta el contenido.
La pregunta que surge y que necesita una respuesta es: ¿Cuál es el contenido de un individuo en su ahí? De manera simple es la conciencia de sí mismo, pero es una respuesta reducionista, que no contesta a la interrogación. El contenido del sujeto corresponde a lo intrínseco, a lo que podríamos denominar la escala valorativa de su yo volitivo que no siempre es estable, en razón de que la codificación es el resultado de su experiencia de los distintos ciclos que van desde la niñez hasta la vejez. Codificación que se mutua de acuerdo a las influencias interiores y exteriores, en un espacio y en un tiempo concreto. El espacio y el tiempo concreto de la modernidad en el ahora y aquí, nos muestran que millones de personas en el mundo militan en el Teísmo, consecuencia de su concepción que tienen acerca del universo. Teóricamente hay muchas formulaciones para explicar el fenómeno, las cuales corresponden a los intereses de quienes las emitan, en razón de que no hay actividad humana exenta de interés. Existe aún una especie en extinción conocida como los utopistas cuya esencia es el soñar. En el sueño el único interés que existe es el placer de alcanzar la libertad, la que es su paradigma. El utopista es el único sujeto apto por carecer de intereses en el tema, y en razón de esto, le da el derecho a expresarse en un sentido deontológico, que son los parámetros que surgen en el horizonte para mejorar la condición humana.
El hombre religioso de hoy se sustenta en la misma materialidad del hombre primitivo, su diferencia es de grado. Cree, no por abstracción sino por necesidad emanada de la exigencia del vivir, realidad material individual y social. La calidad de su Teísmo lo determina su condición material de vida. Las capas pobres que cubren el planeta están avocadas a resolver sus necesidades más elementales, por esto, militan en un Teísmo que las hunde en un espantoso atraso frente a lo cognitivo, mientras que otras ubicadas en espacios económicos de mayor abundancia, viven una realidad distinta, y en lo cualitativo religioso pueden ser militantes del Deísmo que acepta la creencia en un dios, pero que rechaza los milagros, profecías y las acciones sobrenaturales de las divinidades. Sectores con acceso a la educación insuficiente, que es en la realidad la mayoría de la población del mundo, están cubiertas por los velos de las grandes religiones monoteístas que tienen intereses claros y definidos sobre los cuales vendremos más adelante.
Sectores con alta formación intelectual, pero que presentan vacilaciones, originadas en lo material o en la concepción abstracta, conforman el campo del agnosticismo, existencialismo, pesimismo y múltiples corrientes filosóficas que tienen materialidad en la soledad, en la angustia o en el temor a la intrascendencia. Finalmente una franja poco significativa de la población, ha alcanzado lograr una armonía entre la acción de vivir y la acción cognitiva. Estos son los ateos, seres verdaderamente libres porque han superado la contradicción entre la certeza de la cognición objetiva y la certeza de la cognición subjetiva. Por lo antes expuesto es visible qué respuesta se dé a la metafísica, ella tiene efectos que afectan el cuerpo social, empezando por la institución del estado. Como éste es en últimas el árbitro de los intereses de la sociedad debe corresponder con la parte más avanzada del progreso humano. Sobre este pilar debe fundar una deontología que represente el avance y no el atraso. En un parágrafo anterior anotábamos que ya en las sociedades antiguas había una clara distinción entre el Teísmo público y el Teísmo privado. En la nuevas condiciones para que la institución del estado sea realmente moderna debe ser concordante con lo más avanzado del pensamiento de hoy, asumiendo todas las consecuencias que ello implica. Señalemos dos aspectos fundamentales: en lo público no puede tener cabida el más mínimo asomo de cualquier manifestación religiosa, y en acceso al saber, es responsabilidad del estado a todos los niveles del grado de instrucción, orientarse por lo más avanzado en lo cognitivo.
En los estadios precedentes del estado incluyendo el actual, no se habían dado las condiciones materiales que permitiesen un avance cualificativo para que éste se cimentara sobre una nueva base deontológica en cuanto a la cognición de la certeza objetiva. La gnosis es hoy un derecho del ciudadano universal, sin el cual no es posible que pueda realizarse como sujeto pensante. Ser sujeto pensante tiene profundas implicaciones, señalaremos la principal que aquí nos concierne. Esa utopía que es la libertad, que corresponde en lo general al Sujeto y no al Ser. El Sujeto es igualmente una generalidad en la cual se manifiesta la libertad en tanto que concepción, igualmente general. Pero para que la libertad sea, no se realiza en lo abstracto sino en lo muy concreto. La libertad pasa por la creencia. Cada individuo en su ahí, en aquello que constituye su mismidad, haciendo uso de su libertad es creyente o no. Es politeísta, monoteísta o tiene un dios personal, en el plano de lo íntimo en el yo inviolable.
El discurso religioso de la libertad de culto, comunidad de creyentes, es una herramienta que corresponde a intereses bien definidos de quienes dirigen la acción religiosa en connivencia con otros intereses exteriores. Si el espacio público no está impregnado del Teísmo en ninguna de sus formas reduciéndose éste a lo estrictamente privado, el primer beneficio lo obtendríamos en el Medio Oriente, musulmanes y judíos vivirían en armonía teística disfrutando de la vida, en una convivencia razonable, digna de seres pensantes.
Pero, ¿qué sucede? Empezando por la política, sin excepción de tendencias, que no es una profesión como cualquier otra, sino que los políticos comparten con los sacerdotes de todas las religiones existentes, la felicidad del paraíso no en los cielos, sino en esta tierra. Políticos como el señor Putin y el señor Medvedev acaban de resucitar el cadáver de la iglesia ortodoxa rusa invirtiendo sumas colosales, mientras que el ruso común afronta ingentes necesidades para sortear lo elemental e ineludible. En los Estados Unidos asumió el poder el señor Barack Obama, su presencia a la cabeza de la administración tiene una simbolización para los excluidos del mundo a causa del pigmento de la piel. Desde este ángulo hay un cambio innegable en el seno de una situación extremadamente difícil tanto en lo político y como en lo económico. En cuanto al tema que nos ocupa, en la toma de posesión, el rito tuvo un espacio preponderante, puesto que la religión en ese país, no sólo es un grupo de presión, sino que tiene presencia de decisión en los asuntos públicos. Siendo los Estados Unidos un país de primer orden en lo científico; en la concepción del mundo resulta ser una nación, no solamente atrasada, sino inclusive retrógrada. Es el territorio donde lo absurdo tiene su jardín florido. El señor Obama dispone de muy poco margen de maniobra para poder cumplir el deseo que la esperanza del pueblo norteamericano tiene puesta en él. A Obama, ciudadano de la clase media norteamericana, perteneciente a aquéllos que hasta hace poco fueron esclavos, desde el ángulo de la acción cognitiva, le recae la responsabilidad de cortar el eslabón que encadena el pensamiento de la parte norte de América.

Dmitri Medvedev con el patriarca de la iglesia ortodoxa rusa
Obama el día de la
posesión
Sin embargo, el Teísmo se profundiza concretizándose en los estados teológicos, cuya simbolización lo representa Irán, verdadera incógnita para especialistas en asuntos humanos, que en un acto propio de los alquimistas de la Edad Media ha logrado una verdadera fascinación. De una parte es el país de la oración, pero por la otra su ciencia asciende a pasos de gigante por la escalera de la conquista del espacio, como lo demostró recientemente con la puesta en órbita de su satélite. El Medio Oriente está sumido en una conflictualidad endémica por el amalgamiento entre religión y política, como lectura de superficie, pero en el fondo son los intereses económicos que lo mueven todo.

Mahmoud Ahmadinejad LAyatollah Rouhollad Khomeini
En Latinoamérica, la mayoría de los jefes de estado, unas veces ofician como presidentes y otras como sacerdotes. Los vemos en las procesiones cargando lo santos en andas, de rodillas orando en los diferentes templos, en las liturgias aspirando el humo de los incensarios, invocando a las divinidades para ganar adherentes, y en algunos casos todo esto en nombre de un estado laico.
Al ciudadano común que trabaja del día a la noche en la redondez del planeta creando la riqueza, sustento de la sociedad, la recompensa de su trabajo no le alcanza para satisfacer sus necesidades. Estamos frente a lo objetivo; esto que es material lo encierra, lo cerca. Él está en un ahí aherrojado; haga lo que haga seguirá prisionero de las cadenas de la miseria. Entonces la miseria material que no tiene ninguna salida para ofrecerle, le genera en su reemplazo un mundo imaginario, ficcional, que tiene la fuerza de la metáfora en poesía. Él que sin ser poeta tiene la capacidad de soñar despierto y en ese soñar con los ojos abiertos se encuentra con la esperanza, y ella lo lleva primero al portón de los juegos de azar, compra lotería y recorre el circuito de la buena suerte, buscando una salida para su miseria que no le da tregua, se convierte en ludópata. Exhausto por la desilusión toca en otra puerta de inmenso tamaño, enchapada o decorada de acuerdo a las usanzas del rito. Es la puerta del templo, en su interior habita Deus, destino de su última y única esperanza. Deus que es el bien absoluto, no le exige nada que él no le pueda dar a cambio de un favor. Todo lo que tiene que hacer para lograr lo deseado es pedirlo en silencio mediante el recurso de una oración. El orador confía y repite la escena interminablemente cumpliendo con las exigencias que el rito comienza a presentarle, entre las que no se excluye la ofrenda material. La acción del culto le ha producido un cambio, ha logrado rescatarlo de sus penurias, llevándolo a un mundo imaginario, cenáculo de la esperanza donde la calidad de la felicidad es distinta a la material. Ahora busca el más allá, buscándolo sin hallarlo expira su última exhalación. Sólo que muere sin saber que Dios y sus oraciones son una mercancía, y el templo es una empresa como cualquier otra.
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