Debería abrirse el comercio argentino en Malvinas  
«Debería abrirse el comercio argentino en Malvinas», por Alfredo Becerra, La Prensa (Buenos Aires), 20 de julio de 1997, p. 11.
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    En alrededor de 2.000 habitantes se mantuvo la población malvinense a lo largo del siglo XX, aunque en los últimos 10 años hubo más inmigrantes y emigrantes. Aumente o no, sería un avance abrir el libre tránsito y comercio de los argentinos con las islas, incluyendo su radicación y compra de propiedades, injustamente vedadas.

    La proximidad geográfica sigue siendo un valor económico apreciable, por los costos y tiempos del transporte. Esta proximidad fue invocada por España en el siglo XVIII y la Argentina en los siglos XIX y XX como derecho territorial.

    En la vía de la cooperación económica se inscribieron los acuerdos sobre pesca (1990) y petróleo (1995), pero congelando la cuestión territorial bajo la fórmula denominada del paraguas, por la que se mantienen ambos reclamos. Dada su vigencia, no está demás recordar sus precedentes, preferentemente para retirarlo o reducirlo (no hay nativos en Georgias y Sandwich del Sur).

    El acuerdo de comunicaciones de 1971 ya contenía la fórmula de reserva de soberanía. Tal reserva se repitió en el comunicado conjunto de abril de 1977 y también estaba, si se quiere, en la declaración conjunta de 1946 de los delegados argentino y británico en las Naciones Unidas, con sus recíprocas reservas. Estas reservas se emplean desde antiguo para el mantenimiento del statu quo. En Malvinas también la usó España en el arreglo con Inglaterra de 1771, que condujo al retiro británico de 1774. Naturalmente, a la Argentina le interesa cambiar el statu quo a su favor.

    Por su parte, luego de ocupar un islote de 1766 a 1774, Inglaterra desalojó a los argentinos en 1833 para usar las islas como escala para su creciente comercio con el Pacífico. Precisamente en los términos de 1833 continúa planteada la discusión jurídica, favorecida la Argentina en el siglo XX por la descolonización y la ampliación del derecho del mar. No hubo prescripción dadas las protestas argentinas de 1833, 1834, 1841, 1842, 1849, 1884 y 1888, y casi todo el siglo XX.

    La autodeterminación de los isleños invocada por Inglaterra a partir de 1964 no es democráticamente aplicable al caso, no sin el voto de los argentinos continentales, aunque desde una posición de fuerza haya dado y quitado independencias y territorios a quienquiera que fuese.

    Autodeterminación

    Pasadas las dos guerras mundiales y la 'guerra fría', su interés en Malvinas, según líderes británicos, sólo responde a la autodeterminación de sus habitantes (2.500 en 1996). Es una población de origen británico, que en los últimos 30 años no quiso saber nada con las ofertas argentinas de respetar sus intereses y modo de vida, ni siquiera con garantías especiales. Tampoco los convencieron luego de 1971 las comunicaciones, transportes y combustibles argentinos.

    Asegurada la ciudadanía británica en 1983, quieren preservar su bandera. En enero de 1996 al jurar el nuevo gobernador Richard Ralph afirmó que los habitantes tenían derecho a escoger la bandera bajo la cual deseen ser gobernados y que los deseos de mantener una relación estable y amistosa con la Argentina no se realizarían a expensas de la soberanía. En 1996, como está dicho.

    Los ingresos de los isleños crecieron rápidamente a partir del régimen de licencias de pesca de 1987. Pero éstos no cubren los gastos militares británicos, insoslayables en cualquier base de ultramar. Además tienen expectativas sobre la exploración petrolera costa afuera. En 1986 Gran Bretaña se anexó áreas marítimas adicionales, luego de las exhortaciones a negociar de las Naciones Unidas, o sea adicionalmente litigiosas.

    En la Argentina ningún partido político piensa renunciar a un reclamo consistente, que cuenta con el respaldo de numerosos países. Al contrario, la reforma constitucional de 1994 declaró que la recuperación de las islas, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

    Si continuaran las tendencias hacia la descolonización, ratificadas por la devolución de Hong Kong a China, la Argentina podría obtener cambios favorables.

    Parece todavía, como en 1984 decía el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes, que a la larga, una solución aceptable para la Argentina es de fundamental importancia para los propios isleños; no creían que tal solución se lograra con la independencia o la integración en el Reino Unido.


Título original de este artículo: «Debería abrirse el comercio argentino en Malvinas», La Prensa (Buenos Aires), 20.7.1997, p. 11.

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