| «Las 200 millas en Georgias del Sur», por Alfredo Becerra, La Opinión (Buenos Aires), 9 de agosto de 1978, p. 9, cols. 1-4. |
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| Índice de Protestas por Malvinas (1833-1946) |
| Debería abrirse el comercio argentino en Malvinas, La Prensa (Buenos Aires), 20.7.1997. |
Las conversaciones sobre las islas Malvinas, entre Argentina y Gran Bretaña, podrían contribuir a despejar el camino para lograr un acuerdo sobre la conservación de los recursos vivos del mar en la Antártida. Esta idea surge casi naturalmente si se consideran los diversos elementos que confluyen en la cuestión, uno de los cuales es la preservación de los intereses de los Estados costeros -particularmente de las islas subantárticas- en las actividades de "recolección" (pesca) del krill y otros peces antárticos.
La Opinión conversó con diplomáticos británicos, durante la conferencia antártica de Buenos Aires. Su posición respecto del tema Malvinas en general es que "Londres no ve ningún motivo para regalar nada". Sin embargo, la existencia concreta de por lo menos un interés común entre los países que reclaman soberanía territorial en la Antártida frente a quienes niegan tales reclamos, que ha aproximado notablemente la posición sostenida por Argentina y Gran Bretaña durante esa conferencia, permite a La Opinión deducir que puede ser conveniente buscar un acuerdo -siquiera parcial- entre ambas partes para que cuando llegue el día de la "cooperación económica" procurada formalmente en las negociaciones sobre Malvinas haya efectivamente alguna substancia sobre la cual cooperar. Si ya no hubiera peces, por ejemplo, este rubro quedaría excluido de la cooperación por simple inexistencia.
De todos modos, no es la existencia de peces la que está actualmente desactualizada, sino, más sencillamente, un interés común argentino y británico (como no pescadores y costeros subantárticos) frente a los pescadores.
En este rubro, y pese a las resistencias y reticencias de los diplomáticos argentinos y británicos y pese a sus funestos pronósticos sobre sus respectivas opiniones públicas- La Opinión se atreve a sugerir que puede desglosarse el tema Georgias y Sandwich del tema Malvinas, como un capítulo separado y parcial, sin perjuicio de su integración general en las negociaciones y al acuerdo final.
Tal desglose tendría por objeto procurar un arreglo sobre territorios que se encuentran más codiciados por los pescadores antárticos que las Malvinas. Por lo tanto menos difíciles de compatibilizar o menos costosos, en definitiva. Al mismo tiempo, tales territorios se encuentran más codiciados por los pescadores antárticos que las Malvinas. Por lo tanto hay -se le ocurre a esta columna- una razón de urgencia (la pesca antártica) y una razón de sencillez (valen menos y son menos irritantes para las invocadas opiniones públicas).
La cuestión es, en el fondo, que Londres está mucho más lejos que Buenos Aires de los lugares en cuestión y que, además, tales lugares son reclamados por el Estado argentino en base a principios tan sólidos como los de la contigüidad y la integridad territorial. Por eso Londres está negociando esos territorios con Buenos Aires y no con Afganistán, por ejemplo, y por eso Londres los está negociando en lugar de no negociarlos nada (como no está negociando las islas Orcadas y Shetland -del Norte-, las cuales todavía no han sido reclamadas por otros países, (según parece).
En cuanto a la opinión pública argentina, conviene recordar que si tales territorios están en trance de negociación es, precisamente, porque el control político sobre ellos está, por lo menos, controvertido, para decirlo suavemente, y lisa y llanamente negado, para decirlo con todas las letras. Por doloroso que resulte, su situación política no es la misma que la de la provincia de Jujuy.
La Opinión está convencida de que la opinión pública argentina es inteligente y sospecha que también lo sería la británica si sus dirigentes políticos explicaran estos problemas con toda claridad. En las Georgias del Sur están pescando cientos de buques, cada temporada, que no son ingleses ni argentinos, y mientras éstos disputan por la soberanía los otros se llevan la pesca. Cualquier opinión pública del mundo podría entender esto.
El arreglo anglo-argentino sobre Georgias del sur y Sandwich del sur que se sugiere en esta columna apunta a que Londres reconozca la soberanía argentina sobre esos archipiélagos y se establezca una cooperación económica y aún de tipo administrativo durante un lapso razonable, sin perjuicio de proseguir las negociaciones sobre las Malvinas y sin que, desde luego, tal arreglo implique archivar el expediente Malvinas.
Como primer paso de urgencia hacia ese acuerdo esta columna sugiere que se declare conjuntamente la zona económica de 200 millas en torno a esos archipiélagos, con una fórmula -que encontrarán los expertos del lenguaje- para que tal declaración no obstruya las posiciones políticas de fondo respectivas y no se contradiga con la legislación de cada país sobre asuntos del mar y soberanía en regiones marítimas, plataforma continental, etcétera.
"Londres no está dispuesta a regalar nada", puede argumentarse. Bien, este acuerdo no sería ningún regalo. Más todavía, pueden hallarse desde el punto de vista argentino algunas razones que indiquen que el regalo es al revés (tanto en lo relativo a cooperación económica como en la tolerancia del mantenimiento de posiciones de fuerzas británicas).
Lo que sí es un regalo que Londres está haciendo todos los veranos es permitir que cientos de buques extranjeros pesquen en esas aguas sin pagar un centavo de patentes ni impuestos. El dinero proveniente de los impuestos a los pescadores extranjeros podría aplicarse al desarrollo de investigaciones oceanográficas conjuntas y a un fondo de investigaciones pesqueras en esa región, etcétera, como lo hacía el otrora famoso Discovery Comittee, que ahora sería un Discovery binacional.
La Argentina está encarando proyectos binacionales con todos sus vecinos: de integración física, desarrollo industrial, de todas clases. El Reino Unido es, de alguna manera, un vecino muy particular, un intruso o usurpador histórico, como se dice acertadamente en la prensa argentina, pero vecino al fin(1). Con otra singularidad añadida: que las relaciones políticas anglo-argentinas han estado signadas por la coexistencia pacífica desde la Independencia, salvo momentos de excepción.
¿Por qué sería distinto un proyecto binacional con Londres que con Montevideo o Asunción? ¿No serviría como experiencia, para allanar el camino, hacia la solución del problema de las islas Malvinas? ¿No contribuiría a que las regiones antárticas y subantárticas progresen sobre relaciones políticas ciertas y firmes?.