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REPORTAJE
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Por Arturo Arredondo






El cine mexicano agoniza en medio de una crisis que no sólo lo descapitalizó sino que mostró muchos de los vicios genéricos que alimentaba desde los años de la llamada «Epoca de Oro», cuando decenas y decenas de películas mexicanas salían de unos estudios que bullían de actividad pero donde al mismo tiempo se incubaba la corrupción y sobreprotección de una industria que no logra alcanzar la mayoría de edad.
Hoy esa situación podría trastocarse con la reactivación de las producciones extranjeras en México, que han colocado a nuestro país como uno más de los grandes maquiladores en el mundo. Persiste la duda de si ésta será suficiente para relanzar nuestro cine.

El cine mexicano tan vapuleado por los críticos, exaltado por los cronistas oficiales y atropellado por sus realizadores, los cinéfilos no sólo de casa sino también extranjeros; han abundado los premios y reconocimientos a cintas mexicanas como La mujer de Benjamín; Sólo con tu pareja; Cronos; Como agua para chocolate; Sin remitente; El Amor de tu vida, S.A.; Profundo Carmesí, hoy por hoy parece enfrentar una realidad que le abre nuevas perspectivas.
Curiosamente los Estudios Churubusco Azteca, en donde desde tiempo in-memorial se realizaron cintas conocidas como La perla; La diosa arrodillada; Juan Charrasqueado; El imperio de la fortuna y otras, atraviesa desde hace dos años por una extraña etapa de efervescencia. Estimulados por diversos y afortunados factores, entre ellos incluso el triunfo de Alfonso Arau en los circuitos cinematográficos de EU con su cinta Como agua para chocolate, se fue generando la idea de capitalizar filmaciones extranjeras en territorio mexicano; con esta pretensión fue creada la «Comisión Nacional de Filmaciones», organismo dependiente del Instituto Mexicano de Cinematografía (imcine) e integrado por varias instancias de los propios Estudios Churubusco. La idea, aunque un tanto tentativa, comenzó a marchar; actualmente todo es alegría es los Estudios Churubusco, ya que gracias a la perseverancia y coraje no sólo de técnicos y autoridades, actores y demás, una serie interminable de filmaciones extranjeras e incluso de casa, se han canalizado a las vetustas instalaciones que, ante tal auge, se han visto en las posibilidades de mejorar sus instalaciones y equipos y aspirar incluso a más y más trabajo.
Esto se generó apenas hace dos años, cuando se creó la mencionada Comisión Nacional de Filmaciones, el 4 de septiembre de 1995, institución que ha marchado bastante bien.
El mismo Jorge Santoyo, quien está al frente de la Comisión Nacional de Filmaciones, señala que además de las películas «hay un movimiento de televisión, de telenovelas, muchos comerciales y documentales; en fin, atendemos a todo lo que es la industria del audiovisual, incluyendo la fotografía de catálogo (...) Dentro de los rubros que manejamos está la búsqueda de locaciones y esto nos ha llevado a crear toda un red de servicios a nivel nacional. Entre estos se encuentran la conformación de Comisiones estatales».

Así, de un total de 170 proyectos realizados a lo largo de los primeros 20 meses, se percibió una derrama de 250 millones de dólares. Una entrada de divisas que ha refrescado la economía nacional. Han generado 5 mil empleos temporales directos y unos 25 mil indirectos, en servicios alternativos.
La Comisión Nacional de Filmaciones está en proceso de crecimiento, intentando lograr una estructura jurídica propia. Así, a medida que esta Comisión crezca y logre integrarse como una institución independiente, su posición será más sólida y saludable. Santoyo asegura: «Creemos que estamos a punto de surgir como un organismo con personalidad jurídica propia, que camine por su cuenta (...) por el momento lo más importante es consolidar ese proceso de sensibilización y reconocimiento por parte de los diferentes sectores: el gobierno, los sectores profesionales y los de servicio».
Esto ha propiciado que varias producciones extranjeras se estén desarrollando o se hayan desarrollado ya en suelo mexicano, e incluso en instalaciones extranjeras erigidas en territorio nacional. Ha sido tal el auge de este proyecto que la compañía Twentieth Century Fox, interesada en tener instalaciones propias cerca de Los Angeles, California (USA), ha construido en el poblado de Rosarito, Baja California, los Baja Studios, que alquila para filmar incluso a su propia «competencia». La Comisión Nacional de Filmaciones tiene ahí unas oficinas. Y aparte de las instalaciones construidas con todo el confort, también hicieron un tanque para filmaciones submarinas, construido para la realización de la película Titanic (Media No. 27). Rosarito, de ser un pueblo apacible, con turismo de fin de semana, se ha transformado en un sitio abigarrado de población cosmopolita. Comenta Santoyo: «Los gobiernos estatales y municipales han sabido valorar y están tomando medidas para facilitar los rodajes en esta zona y no sólo dentro de los estudios».

Los técnicos se entusiasman
Miguel Camacho, director técnico de Estudios Churubusco, dice: «Definitivamente, como es sabido, el cine nacional ha estado en una de sus peores crisis en años; de haber hecho 120 películas al año, en la época de Luis Echeverría, ahorita se hacen cuatro. Realmente existe una crisis enorme. Los Estudios Churubusco no podían sostenerse únicamente con la industria nacional; pero de hecho parte de la idea de estos estudios es llegar a producir películas, convertirnos en un estudio de cine como puede se Fox, Warner o Paramount (Media, No. 15). La idea en este momento es participar como cooproductores, llegar a producir nuestros propios filmes...»
Continua Camacho: «El problema de estos estudios es que por más de 40 años estuvieron en números rojos, todo mundo llegaba, pedían y nunca pagaban; 'como es del gobierno', decían, y siempre estaban en números rojos. Pero se hizo un esfuerzo, y por la sesión del terreno para construir el Centro Nacional de las Artes nos dieron mucho dinero, para comprar lo necesario y modernizarnos con la más alta tecnología. Así, ahora tenemos un excelente laboratorio y una sala de sonido de primera calidad. La tecnología de Estudios Churubusco está a la par de las mejores del mundo».
Continúa Camacho: «Parte del interés de los productores extranjeros se basa en que los precios que ofrece Estudios Churubusco son más competitivos. Una producción yanqui termina ahorrando, al filmar en México, algo así como el 30 por ciento de su producción total, e incluso más (...) tenemos excelentes técnicos, muy buenos carpinteros, la gente de construcciones es de lo mejor del mundo, dicho por los propios ingleses. Ya verán la película Titanic, todo está hecho en México, por técnicos mexicanos: la construcción del barco y la operación técnica».

Los actores también participan de la fiesta
Juan Imperio, Secretario de Trabajo y Conflictos de la anda, comenta con respecto del salario de los coestelares: «Estamos hablando de 5 mil, 4, 3 mil dólares, depende de la categoría del actor y de la producción; no es lo mismo una película como Titanic que dura en filmación cinco meses o La máscara de El Zorro, que se lleva diez u once semanas, que una película que viene por 7 ó 10 semanas como máximo; obviamente los tabuladores varían y hacemos una negociación cuando vienen a contratar.»
«Entendiblemente el tabulador depende del papel que desempeñen los actores mexicanos. Y de la importancia», tercia Juan Imperio. «Después de que se firma el contrato colectivo mandan el argumento para clasificarlo, el sindicato lo analiza y en base a esto ponemos los tabuladores; vemos la cantidad de actores mexicanos que van a contratar y con esa base se hacen las negociaciones».
Continúa Imperio: «El tabulador depende de la importancia del papel y no de la cantidad, no por haber muchos actores el precio baja, el precio es el mismo; varía si es un coestelar, una primera, una segunda, así sucesivamente hasta que llega a un bit, que son bits de 10 palabras, o más quizá; de todas maneras nos conviene porque los actores ganan buen dinero».
Pero esto no pasa con las producciones mexicanas. Explica Imperio: «Acabamos de firmar el nuevo contrato colectivo de trabajo con Productores de Películas Mexicanas, porque tienen la intención de reactivar la producción nacional. Hay grabaciones de videos, son videos cortos de 10 días máximo, es trabajo también, pero es poco remunerado. (...) Humberto Elizondo y yo pensamos viajar a Los Angeles para promover entre los productores las facilidades que está dando el gobierno y el sindicato para que vengan a México. Porque, repito, es una derrama económica importante para el país y para los actores».
Ante el cuestionamiento directo de si existe algún trámite jurídico para que puedan filmar, Imperio responde muy seguro: «La Comisión de Filmaciones y el sindicato están intentando crear una ventanilla única que le dé facilidades a las producciones extranjeras. En El Zorro, había un problema con la internación del armamento y explosivos, básicamente fue un error de la producción, porque ya se había publicado en el Diario de la Federación que las utilerías necesitaban un permiso de secofi. Lo que hace esta comisión es lograr el consenso de todas las dependencias gubernamentales que puedan intervenir en una película, como pueden ser Secretaría de la Defensa Nacional, secofi, Gobernación. Crear un manual para las producciones extranjeras. Así, si van a venir a filmar a México, sepan cuáles son los trámites que tienen que hacer. A lo mejor como Comisión de Filmaciones, yo te hago esos trámites y te cobra la Tesorería de la Ciudad de México y lo que tienen que pagar lo tienen que hacer legalmente y no por debajo del agua. Antiguamente para los trámites en la Defensa era un pasadero de dinero por debajo del agua y espantaba mucho a los productores, decían que era 'a como se dejaban', les veían la cara y decían: 'este trae mucha lana' y hasta 20 mil dólares les pedían. Estamos tratando de crear reglas muy claras y procedimientos muy bien establecidos y una sola ventanilla. Así, las facilidades que se den, pueden traer muchas producciones a México.
Se están buscando, junto con la Secretaría de Hacienda, estímulos como los que ya existen en Filipinas, Puerto Rico, Islandia y otros países del mundo, porque los ingresos pueden ser muy grandes. Canadá percibió en 1994, 2 mil 800 millones de dólares por concepto de realización de películas extranjeras, es una suma nada despreciable. El plan que tenemos antes de que termine nuestra gestión, nos falta todavía un año, es ponernos en Internet, tener una página web. Porque la tecnología nos ha rebasado y tenemos que actualizarnos».

Voces disidentes
Gabriela Gurrola, secretaria de Finanzas del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (stpc), asegura con ánimo tranquilo: «Por tradición, durante muchos años, hemos captado la mayoría de los trabajos de las películas extranjeras que vienen al país. Sobre todo películas de presupuestos grandes; todavía nos falta trabajar para atraer las películas de presupuestos pequeños o medianos, que son los productores independientes en Estados Unidos» (...) Diego López, director de imcine, está buscando esas cuestiones: hacer que trabajemos interactivamente, más coordinados».
Respecto a la firma con la Fox, no fue un asunto fácil, asegura: «Lo que pasa es que Tijuana es una ciudad muy difícil, existen más sindicatos que farmacias y la mayoría de éstos son sindicatos de protección, están acostumbrados a que cuando se abre una empresa inmediatamente entra un sindicato de protección. Teníamos la misma amenaza allá, había cerca de cinco sindicatos interesados y en determinado momento podía ser más atractivo para la empresa. Hubo bastantes pláticas en Rosarito y no se llegaba a mucho porque intervenía mucha gente que tenía intereses creados en Tijuana. Finalmente se consiguió una cita en Los Angeles, fuimos allá y obviamente cuando hablas con la gente idónea, se les pudieron borrar todas las dudas, las malas interpretaciones y ofrecer lo que era el sindicato. Y realmente fue rapidísimo, antes de dos horas obtuvimos el sí. Sólo faltaba el cómo; se presentó una propuesta, se afinaron las condiciones y a los 15 días se firmó el contrato aquí en la ciudad de México».
En cuanto a la apertura del sindicato, Gurrola es clara: «Más bien será ofrecerles mayor personal, capacitar y actualizar a la gente que ya tenemos dentro, porque el cine cambia a cada momento. Ofrecerles los estímulos que se necesitan de Hacienda, por citar algo; porque de pronto las prestaciones de ley son altísimas. Para una gente de Estados Unidos venir a pagar un 30 por ciento de prestaciones es bárbaro. Se está buscando con Hacienda un convenio para arreglar este punto».

En lo tocante a protecciones que ofrece es sindicato es aún más clara: «El sindicato ofrece la seguridad de un contrato, con la garantía de tener hospedaje en un hotel de primera, tener viáticos, un horario establecido y si un productor se fuga sin pagar, el sindicato garantiza el pago. Por otro lado tenemos a nuestra gente en el Seguro Social, trabaje o no trabaje, están asegurados todo el año. Tienen servicio de oftalmología, Otorrinolaringólogo, dentista, préstamos, que no son préstamos con los que se pueda comprar una casa, pero sí solventar una bronca; y también cosas pequeñas como las despensas y la promoción de nuestro agremiados. No es lo mismo estar desamparado y solo en la calle, que tener a alguien que te promueva, que es el papel de nosotros, ser promotores de nuestra gente. Cuando llegar a contratar para la realización de una película extrajera, les damos la lista de la gente que está desocupada, ya ellos dicen si piden a fulanito o bien piden a todos para una entrevista y la compañía selecciona a quien va a contratar. No intervenimos para nada en recomendar gente».
Pero para el cineasta Mitl Valdés, autor de Los Confines; Los vuelcos del corazón y actualmente director del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (cuec): «Si está ahora El Zorro en los Estudios Churubusco, estoy seguro que el alquiler y el pago de servicios le van a ser de gran utilidad para pagar honorarios de su planta de trabajadores, el mantenimiento de equipo y para mantener vivo a Estudios Churubusco; en este sentido, si lo vemos desde el punto de vista de mantener vivo lo poco que queda de la industria, las fuentes de trabajo para los trabajadores del cine y la derrama económica en una serie de empresas que se dedican a alquilar camiones, tramoya, servicios de comida en filmaciones o transportes, es benéfico que vengan las producciones extranjeras. Pero también tiene un aspecto negativo: los trabajadores en México se están acostumbrando a sueldos y esquemas de producción que sólo pueden ofrecer los norteamericanos y los productores mexicanos no tiene recursos para competir. Los trabajadores dicen si yo ganaba mil dólares en tal producción yanqui, págame mil dólares, sino por menos no voy. Existe entonces una expectativa mayor por las producciones extranjeras...»
Y la verdad es ésa. No porque los yanquis o los franceses, o cualquier otro equipo de filmación de cualquier parte del mundo llegue a filmar a México, ya se va a levantar la industria nacional del cine. En la actualidad las cintas que se realizan son pocas y pese a ser muy buenas no puede hablarse de un resurgimiento del cine mexicano. En ese sentido Valdés, que es a su vez cineasta y que ha sufrido en carne propia los reveses de la producción, es preciso: «Habrá que hacer una diferenciación de la crisis de la industria del cine mexicano y el cine mexicano como hecho cultural. Yo durante mucho tiempo he insistido en la diferencia de estas dos cosas (...) Esa industria que producía en 1958 ciento veintitantas películas al año, esa industria ya no existe; lo que queda es que con los pocos recursos que destina el Estado a la cinematografía se hace un cine digno y por ahí obras de una gran calidad, pero entonces estamos hablando del cine como hecho cultural, películas que no están llevando público a las salas, que no las llenan. Ni siquiera las distribuidoras y los exhibidores nacionales permiten una exhibición correcta, porque no van a permitir que le compitan a las películas norteamericanas que ya están calendarizadas (...) Así se pueden ver buenas películas mexicanas y aceptar que se está haciendo buen cine, pero esto no significa que la industria mexicana se esté salvando (...) Yo puedo ver Lolo de Francisco Athié y decir 'esa película me gusta mucho, es propositiva, tienen temática mexicana, tiene una actitud crítica', pero que exista esa película no significa nada para la industria del cine mexicano porque éste ya fue avasallado».
Incluso Valdés considera casi imposible que los productores extranjeros inviten a realizadores mexicanos a dirigir algún proyecto: «Es difícil que los productores extranjeros inviten a realizadores mexicanos, porque ellos tienen muy definido lo que tiene que hacer un director en una producción. Normalmente éste se limita a hacer la puesta en escena, la puesta en imagen, a dirigir a sus actores, a emplazar bien su cámara, para contar bien la historia. Pero como realizador no tiene acceso a modificar el guión, a estar en la sala de edición y proponer cambios.
«A los norteamericanos les gusta fragmentar el hecho creativo para no crear enfants terribles que trastoquen la producción; de hecho, la figura del diseñador de producción está por encima del realizador y su función reside en mantener el equilibrio de la producción, que se logre el look y el concepto de la película para venderla (...) Si contratan a un realizador mexicano, éste está renunciando a hacer cine de autor o cine de expresión personal, él está contratando para hacer un traje a la medida. Entonces Paseo por las nubes no tiene nada que ver con Como agua para chocolate, ni con Calzonzin Inspector, ni con El águila descalza en donde Arau sí se está expresando». Pese al escepticismo de Gabriela Gurrola y al pesimismo de Mitl Valdés, es un hecho que las producciones extranjeras están en México y han reactivado la industria cinematográfica. Si esto servirá para levantar la industria del cine mexicano, eso ya es un enigma mayor, que sólo el tiempo podrá resolver. Por el momento, la euforia entre los técnicos, actores y autoridades cinematográficas es muy grande. Y muchas cintas extranjeras se están «cocinando» en los «hornos» mexicanos.