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. El cine y la generación del 98 .
EL 28 de diciembre de 1895, treinta y cinco
personas, por el módico precio de un franco cada una,
presenciaron la primera sesión cinematográfica de la historia.
En aquella rudimentaria pantalla vieron cómo se abría una verja
de una fábrica para dejar pasar a un grupo de obreros y miraron
entre atónitos y asustados cómo un tren se abalanzaba sobre
ellos. Los hermanos Lumière, que habían inventado el cine nunca
creyeron que este invento iba a tener gran porvenir comercial y
que animar las imágenes podía ser algo artístico y relacionado
con la literatura.
Aquellos tiempos de aparición del cinematógrafo
coinciden con las primeras actividades de un grupo de
intelectuales, prosistas y ensayistas en su mayoría, que,
preocupados por la crisis política y social de España, van a
formar lo que conocemos como "Generación del 98".
Su formación y posterior desarrollo, a partir fundamentalmente
del "Tratado de París" (10 de diciembre de 1898) por
el que España reconoce la independencia de Cuba y pierde sus
últimas colonias de Ultramar, no pudo quedar ajena ante la nueva
expresión artística del cine que inicia un camino repleto de
posibilidades y no exento de polémica. Pero, ¿ cuáles fueron
las actitudes de los hombres del 98 ?, ¿Fueron de entusiasmo?
¿Fueron de simple aceptación o indiferencia? ¿O fueron de
rechazo?, ¿Y qué relación tuvo la obra de estos escritores con
el cine español?. Son cuestiones de interés y sin embargo muy
poco estudiadas por la critica literaria y bastante desconocidas
para los aficionados al cine y lectores de la Generación del
98.
Unas palabras de Pío Baroja en el acto público de
presentación de la película "Zalacaín el aventurero"
pueden servirnos de partida para nuestro análisis. Entonces, el
24 de febrero de 1929, D.Pío leyó unas cuartillas en las que
decía textualmente: "El mundo literario y artístico se
puede dividir en dos grupos: amigos del cine y enemigos del cine;
cinematófilos, a un lado, cinematófobos, al otro. Los primeros
esperan del cine algo como el santo Advenimiento; los
cinematófobos auguran que, a fuerza de películas iremos al
caos, al abismo, a la oscuridad de la noche cine cineriana".
En esta dicotomía
Azorín y Valle-Inclán aparecen como los más cinematófilos;
Ramiro de Maeztu y Pío Baroja adoptan posturas indiferentes y
por el contrario son claramente cinematófobos Unamuno y Antonio
Machado.
Dentro de la Generación del 98, sin duda fue
Azorín quien mantuvo para con el cine una postura más llena de
simpatía, especialmente a partir de 1950, época en la que se
apasiona con la visión de múltiples películas hasta el punto
de asistir a una o dos sesiones diarias y convertirse en critico
de cine en el diario ABC de forma continua, antes de este año
sólo de limitó a recoger el mundo físico de la luz y del
movimiento, así como la evolución y desarrollo del maravilloso
invento. En un bello artículo, "El encanto de la luz",
publicado en la revista Primer Plano (1946), el escritor con su
enorme sensibilidad, discurre por caminos artísticos y
pictóricos con referencias a Leonardo de Vinci, a Rembrandt, a
Fray Luis de Granada; pero Azorín, ya cumplidos los setenta y
siete años, se convierte en un importante crítico
cinematográfico, interesándose en especial por los doblajes. Se
complace entonces de haber creado el verbo "cinematografiar"
y por aquel tiempo, como anécdota podríamos recordar que muchos
estudiantes le veíamos en el cine en su butaca reservada, por
ejemplo aquella del Bellas Artes y que con motivo del estreno de
un film basado en los "Cuentos de la Alhambra" de
W.Irving decía que C. S. le había cautivado por bonita,
graciosa y simpática -C.S. era Carmen Sevilla- .También en
aquellas fechas escribía que "no puede el escritor
permanecer impasible a tan inmensa, variada y fecunda
manifestación artística.
Valle-Inclán en 1924, en la revista "El bufón"
expuso su opinión sobre el cine. Manifestaba simples
observaciones de espectador, sin reparar en cuestiones técnicas.
Dos años después (1926) interviene como actor en una película
titulada "La malcasada" y hace el papel de modelo en el
estudio del pintor cordobés Julio Romero de Torres. El film
estaba inspirado en la biografía de Gaona, famoso torero, y en
su matrimonio. En la pantalla había personajes conocidos, tales
como Primo de Rivera, Franco, Sanjurjo, el Conde Romanones,
Rusiñol..., por lo que cuando se proyectó la película se
generó una agria polémica y se tuvo que hacer un nuevo montaje,
suprimiendo las figuras políticas. Este hecho y el que
Valle-Inclán dijera que frecuentaba las salas de cine nos
demuestra su entusiasmo por el séptimo arte y no extraña que
dentro de su producción literaria, haya mucho de
cinematográfico. En las "Sonatas", en su teatro,
pongamos por ejemplo "Luces de Bohemia" hay claras
referencias cinematográficas hasta el punto, como bien ha
señalado Zamora Vicente, que algunos pasajes son auténticos
fragmentos de cinta de cine y que en acotaciones escénicas de
teatro aparezca la verdadera técnica de la imagen.
Cuando Ramiro de Maeztu iniciaba sus trabajos
periodísticos en España y en el extranjero, hacia el año 1926,
el cine se presentaba por primera vez en Madrid. No cabe duda que
el suceso podía ser un tema interesante en ámbitos literarios y
artísticos, algo que no ocurrió en los artículos de este
hombre del 98, pues el nuevo espectáculo no le supuso más que
un motivo ocasional para escribir, aunque había asistido al cine
con alguna frecuencia cuando era corresponsal en Londres.
Sabemos, además, que en esta ciudad tuvo la oportunidad de ver
unas escenas de "Los miserables" y que estas le habían
gustado por su relación con la novela de Victor Hugo. En
Berlín, en mayo de 1913, dedicó un artículo en exclusiva para
el cine y allí se planteaba el problema del cine mudo, así como
el hecho de que el invento invada el mundo de lo literario. Más
tarde, con la aparición del sonoro alude, en otro artículo, con
un sentido en extremo ético y severo, a afectos negativos sobre
la sociedad y hasta con cierta misoginia compara a la mujer fatal
del romanticismo con las vampiresas del cine, cuya misión es
"perder a los hombres, explotarlos, deshonrarlos y
abandonarlos finalmente".
D.Pío Baroja no vio demasiado cine porque según el mismo
dijo "no había cogido el amor de la pantalla a
tiempo", y no se consideró ni cinematófilo ni
cinematófobo porque "en esto como en otras muchas cosas, me
siento un poco murciélago, a veces pájaro, a veces
ratón". Enjuició Baroja al cine como un arte híbrido
entre la mediana literatura y la buena fotografía y tuvo
contacto directo con el mundo del cinema ya que asistió al
rodaje espectacular de "Zalacaín el aventurero"
(1928), un film basado en su conocida novela. Esta película, que
por cierto no logró el éxito esperado, fue sin embargo la
primera película española adquirida por la firma extranjera, la
Metro, para su distribución en otros piases. Nuestro escritor
interpretó el papel de Jabonero, un coronel carlista, y su
hermano Ricardo Baroja hizo el personaje de Tellagorri,
rodándose el film en espacios naturales vascos y navarros.
Posteriormente se filmó "Shanti Andía" y aquí
aparecía Baroja en su biblioteca dialogando con Arturo Ruiz del
Castillo que era el director; en 1929 escribía D.Pío una
novela-film, titulada : "El poeta y la princesa", en
forma de guión cinematográfico con personajes muy barojianos y
abundantes primeros planos pero el final fue que, ya que el cine
español de la época no se interesaba por su obra, abandonase
Baroja sus intentos de literatura cinematográfica, a pesar de
las grandes posibilidades que sus novelas tienen para convertirse
en magníficas películas.
Apreciaciones negativas para el cine las tienen Unamuno y
Antonio Machado. D.Miguel de Unamuno sólo una vez nombra una
película concreta: "El lazarillo de Tormes", aunque en
varias ocasiones vertió sus criticas sin olvidar los abundantes
términos del cine que comenta en su etimología. Su agresividad
hacía el cine queda manifiesta al explicar el vocablo película
/pellejo, con carga despectiva, relacionándola con los
calificativos de trágico, fatídico, revolucionario, que sirven
para calificar al cine. En más de una ocasión arremete contra
el invento porque tal vez, pensamos, su ansia de eternidad poco o
nada tenía que ver con perpetuar la imagen en la pantalla. En la
misma línea de cinematofobia se incluye a Machado. Las alusiones
al cine están en "Juan de
Mairena" donde en boca
del maestro apócrifo se dice que " es invento de Satanás
para aburrir al género humano ". Este texto y otros en
prosa sirvieron para que Luis Buñuel largase una embestida
contra el poeta y le increpase con el consejo de que vaya al cine
y luego dé su parecer, recomendándole algunos films del
momento, sin que tengamos noticia de que D. Antonio hiciese caso
al cineasta aragonés y cambiase los términos de "ñoñez
estética", que de esta forma distinguía al cine.
Paradójicamente las obras de Unamuno y Machado son las
que más trascendencia han tenido dentro del cine español. Años
después de al muerte de Unamuno se adaptaron algunas de sus
novelas. "Nada menos que un hombre" tuvo versión no
sólo para el cine sino también par televisión, "Abel
Sánchez" y "Niebla", fueron llevadas al cine y
"La tía Tula", dirigida por Miguel Picazo, constituyó
un hito importante de nuestro cine nacional, y Aurora Bautista
estuvo espléndida en el papel protagonista.
Las adaptaciones de las obras de Antonio Machado son
escasas y también se realizaron tras la muerte del poeta. En
1947 Juan de Orduña hizo una versión cinematográfica de al
obra teatral " La Lola se va a los puertos", con
C.I.F.E.S.A. y Juanita Reina en el reparto. La película tuvo
gran acogida popular y por eso no hace mucho tiempo se repitió
con el mismo titulo en otra cinta con Rocío Jurado como
protagonista. En 1949 se rodó "La duquesa de
Benamejí" , con Amparo Rivelles y en adaptación libre; y
en 1953 : "La laguna negra", film basado en un largo
poema de "Campos de Castilla" ( "La tierra de
Alvargonzález"). Podríamos citar también "Dos
caminos", otro film muy elogiado por la crítica en el que
aparece el poeta sevillano en sus últimos días de vida tras su
huida a Francia al término de la guerra civil del 36. La poesía
machadiana puede tener una versión plástica y luminosa en el
cine pero sus descripciones de paisajes y gentes de Castilla no
han tenido la fortuna de encontrar un director que supiera
fotografiarlos en bellas imágenes eternas.
Josefa Sánchez Reyes