LUCIA Y EL SEXO en Cinemaníacos
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Director Julio Medem
Actores Paz Vega, Tristán Ulloa, Ana Risueño, Daniel Freire, Elena Anaya
Año 2001
Producción Warner Sogefilms
Duración 2 horas 7 minutos
Puntuación

Bienvenido a Cinemaniacos

SINOPSIS: Lucía, una joven camarera de un céntrico restaurante madrileño, se refugia en una tranquila y despejada isla del Mediterráneo al enterarse de la desaparición de su novio, un escritor con el que lleva viviendo seis años. Allí, en medio de una atmósfera resplandeciente, tan sólo expuesta al aire libre y al sol, Lucía comienza a descubrir los rincones más turbios de su pasado en pareja, como si fueran pasajes prohibidos de una novela que ahora el autor, desde la distancia, le permitiera leer.

OPINIÓN (por Sacha Azcona): Una gozada. Eso y más se puede decir del último trabajo de Julio Médem. La poesía visual y narrativa que Médem desbordó en "Vacas" y "Tierra" se multiplica por 100 en esta maravilla de película que, en contra de lo que se podría suponer, al abordar el sexo de una manera explícita lo hace con un ritmo tan perfecto, con una fotografía tan cuidad y una narración tan libre pero tan exacta, que hacen que la pornografía se vuelva un erotismo tan elegante como el que mostró Gus Van Sant en "Mi Idaho Privado". Algunas tramas y diálogos pueden resultar poco creíbles, pero así es Médem. Él no muestra historias descarnadas y verdaderas, sino cuentos, cuentos realistas con un toque onírico y mágico. De ahí que cuando uno va a ver una peli de Médem tiene que dejarse llevar y no buscar el realismo puro y duro, como si de un reportaje de Documentos Tv se tratara. Sorprende de esta película la actuación de Najwa Nimri, que por fin sale de su papel de
chica introvertida y difícil de voz susurrante y del que parecía que no iba a salir nunca (un registro que, eso sí, le salió bordado en "Salto al Vacío" y "Abre los ojos", pero que no servía para "Pasajes" ni para "Los amantes del círculo polar"). Paz Vega está dirigida de lujo, y se sale del registro de chica tontita de la serie "7 vidas". Tristán Ulloa, aunque un pelín frío, está tan bien envuelto por la fotografía, el guión y los compañeros de reparto que ni se notan los defectos. Elena Anaya se come la pantalla: Atención a la escena en que mimetiza los movimientos de una peli porno. En fin, que se puede hablar de esta peli horas y horas porque le ha salido redonda al señor Médem.
Es una gozada que con el aluvión de bichos transgénicos -- monos, gorilas, perros, gatos y dinosaurios-- que nos están invadiendo este verano llegue alguien con una camarita digital y 6 actores y nos traiga una de las mejores películas que ha dado el cine español en los últimos años. Ah, y nada de verla en video ni DVD: Esta es una peli para verla en cine, de los de pantalla grande y buenas butacas. Estáis avisados.
Sacha Azcona

OPINIÓN (por Alberto Peyrano): Después de "Vacas", "La ardilla roja", "Tierra" y "Los amantes del círculo polar", regresa el director vasco Julio Medem con su quinto producto, "Lucía y el sexo".
Apreciado por su creatividad y su profundidad por el público y la crítica argentinos, ampliamente galardonado a lo largo de toda su trayectoria con importantes premios internacionales, Medem vuelve a hacer hincapié en la confrontación del ser humano con su dualidad interior, por otro lado condición sine qua nom de todo lo que existe en la Creación. La vida y la muerte, la creatividad y la mediocridad, el sexo y el espíritu, la verdad y el engaño, el pasado y el presente, son temas que se pasean a lo largo de las dos horas de proyección y que van envolviendo al espectador disparando sus resortes internos. La identificación movilizadora que Medem logra de los distintos planos emocionales, a través de flashbacks y ensoñaciones, penetran hábilmente en la sensibilidad del espectador.
La historia no es nada fácil, su desarrollo es complicado y hay que estar muy alerta en los detalles para llegar al final esclarecedor. Lucía, ante la noticia de la muerte de su novio, Lorenzo, emprende un viaje hacia una isla en busca de su propio destino. Entre el ayer y el hoy, la pantalla es ocupada por una contrastante gama de personajes que van entrelazando sus historias. Todo se desenvuelve con imágenes reales que alternan con las oníricas, personas de la vida cotidiana que se mixturan con personajes de ficción. Pero el nudo central del film es la relación de pareja y el sexo, veraz o fantaseado, liberador o culpógeno, motivador de vida o dador de muerte.
Quien haya visto "Los amantes del círculo polar" puede esperar una secuencia continuadora en Lucía, pero dirigida hacia la otra polaridad. Si en aquélla todo transcurre de la vida hacia la muerte, aquí se da todo lo contrario pues la protagonista huye de la muerte hacia la vida, cargada con una mochila de recuerdos y un enigma a desentrañar. Y si aquel final era amargo y cruel, éste es bello y diafano, equilibrador y feliz.
Paz Vega, bien dirigida y resuelta, compone una Lucía tierna y creíble, que puede navegar perfectamente por los ríos placenteros de la genitalia, por los tormentos del dolor ante la fatalidad, por el compromiso que asume ante sí misma de rescatarse y vivir. Tristán Ulloa es Lorenzo, el novio escritor, quien resuelve sus inseguridades actorales con mohines o caritas, da como resultado un personaje lavado, desleído, no convincente. Pero volvemos a encontrarnos nuevamente con la dulzura de Najwa Nimri, quien protagonizara "Los Amantes del Círculo Polar", esta vez personificando a Elena, lo más logrado de la película por su madurez actoral y por su indudable trabajo interno para poder transmitir perfectamente el mundo íntimo de esa mujer que es principio y fin y pieza clave de toda la historia. Mención especial merece Elena Anaya quien expone un personaje comprometido y difícil pero elaborado con genialidad.
El film desarrolla una buena cuota de simbolismo (el secreto del sol y la luna, el mar, las profundidades, la isla flotante, el faro, el agujero en la playa) y su título se refiere al sexo y es precisamente la sexualidad la disparadora de situaciones que alejan a los protagonistas uno de otro al liberar las fantasías inconcientes de lo prohibido, de lo no permitido, de lo transgresor, pero que al mismo tiempo vuelve a reunirlos con nuevas cargas y motivaciones en una suerte de movimiento respiratorio que va sosteniendo el clima de toda la película.
La fotografía es impactante por el uso de los claroscuros, los contraluces y las sobreexposiciones, con un hábil manejo de cámara y composiciones digitales que permiten lograr los climas buscados y que expresan perfectamente el vuelo poético del director, quien además es autor del guión. No obstante, hay una sobrecarga en las escenas de sexo explícito pues son precisamente éstas las partes densas de la película, que a veces exponen a los personajes al ridículo o a la exageración, por lo cual Medem debiera cuidar cargar menos las tintas en este aspecto que contrasta con la sutileza del resto de las imágenes y la delicadeza con que ha tratado a sus personajes desde la profundidad de cada uno, por otro lado su punto característico a lo largo de su trayectoria. No obstante, la genitalidad expuesta forma parte también del tema de la dualidad expresado más arriba, sólo que hay formas más artísticas de encararlo.
La música de Alberto Iglesias, muy acertada, bella, sin golpes bajos ni efectismos, es fondo adecuado para los distintos mares internos de los personajes.
Alberto Peyrano

Opina con nosotros: cinemaniacos@ciudadfutura.com

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Agradecemos a Warner Sogefilms, propietaria del copyright de las fotografías, la colaboración prestada para la elaboración de este artículo.