España quiere a América Latina, pero cada vez menos. Ha sido un proceso
lento, casi imperceptible, hasta que un día, de repente, se ha hecho evidente. Una
encuesta de Demoscopia para la Asociación de Periodistas Europeos sobre la imagen de
América Latina en la sociedad española, realizada el mes pasado, señala que un 49% de
los encuestados tiene una imagen buena o muy buena de los países latinoamericanos. Es un
dato positivo. Lo malo es que hace sólo dos años pensaba eso mismo un espectacular 65%
de la sociedad española.
¿Cómo se explica semejante vuelco en 24 meses? Indudablemente, América Latina ha
inundado estos dos últimos años las primeras páginas de los periódicos españoles con
secuestros de personas y embajadas, guerrillas, narcotráfico y corrupción (sin hablar de
los desastres llamados naturales: huracanes y otros). Los responsables del sondeo apuntan
a que toda esta información se ha dado un tanto descontextualizada, lo que quizá no ha
contribuido a acercar al ciudadano medio a la complejidad latinoamericana.
Quizá. Pero huracanes e inundaciones también los había antes de que los españoles
comenzaran a valorar menos positivamente a América Latina. Y guerrillas e intentos de
golpe de Estado, desgraciadamente, también. Así que a lo mejor habría que buscar otra
explicación. Una explicación, por lo demás, sencilla: los españoles ven cada vez más
claramente su futuro en Europa, y en consecuencia se ven a sí mismos cada vez más
europeos. Y más alejados de América.
En este sentido, los datos son irrefutables. Hace dos años, el 48% de los encuestados
creía que España tenía más semejanzas con los países latinoamericanos que con los
integrantes de la Unión Europea (un 36% sentía lo contrario). Hoy sucede justo al
revés: un 49% de los españoles opina que su país tiene más semejanzas con Europa que
con América Latina (un 37% defiende lo contrario).
Así que, aunque afectivamente los españoles todavía vuelvan sus ojos al otro lado
del Atlántico, sus intereses políticos y económicos inmediatos han comenzado a dejarse
sentir en los sentimientos. Hay un dato revelador de cómo funciona este mecanismo. En una
escala de cercanía afectiva (en la que 0 significa ninguna, y 10, mucha), el conjunto
de la Unión Europea logra un 5,8, cifra por encima del país europeo más valorado
(Portugal, 5,61). Es decir, los españoles aprecian más la idea de Europa que a
sus miembros por separado.
Por el contrario, Latinoamérica en conjunto obtiene una puntuación (6,13) que parece
una simple media de lo que logra cada país por separado. Algunos (Argentina con 6,19 y
México con 6,16) están por encima. Otros, por debajo. Pero, con toda claridad, los
españoles no perciben una idea de América Latina, una idea de comunidad
iberoamericana. Para decirlo brevemente: el afecto espontáneo que España siente por los
países latinoamericanos (superior al que declara por los europeos) parece estar
sucumbiendo ante la falta de proyectos comunes de futuro. Ante la falta de un sentido de
pertenencia a una misma comunidad.

Publicado en El País Nº 554 Sábado 8 noviembre 1997