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Niebla en Chiapas

Los españoles y America Latina

Lo que no es y lo que quiere ser la educación ambiental.

 

Lo que no es y lo que quiere ser la educación ambiental

Por educación ambiental se entienden, a menudo, cosas tales como una forma diferente y atractiva de enseñar las ciencias naturales, una nueva asignatura en torno a los temas ambientales o un método de recreación y disfrute en la naturaleza.
Además, existe la idea arraigada de que se trata de una disciplina dirigida a la población infantil y juvenil e incluso de que se desarrolla exclusivamente dentro del marco escolar.Son éstas concepciones equivocadas, pero consecuencia lógica de una realidad: la propuesta de la educación ambiental encontró, en principio, mayor eco entre los educadores y educadoras del sistema educativo formal (la escuela) y no formal (grupos juveniles, campamentos, actividades extra-escolares...). Por tanto, hay un mayor desarrollo teórico y experiencia acumulada en este ámbito, aunque sea un campo muy estrecho para las verdaderas ambiciones de la educación ambiental que, en rigor, pretende ser la respuesta educativa a la crisis ambiental".

Nace, pues, como reacción a un problema, vasto y complejísimo, y como una demanda social, ante la necesidad de contar con un instrumento adecuado para: ampliar los conocimientos ambientales de los ciudadanos, promover los cambios de actitud y los valores que permitan una relación más positiva con el medio, e influir sobre los comportamientos. Pero la educación ambiental surge,también, con los titubeos e inquietudes propios de cuando se exploran caminos nuevos, sin la seguridad de
ningún mapa. No sabemos todavía hacer la educación que necesitamos, pero necesitamos crearla. El párrafo siguiente lo
refleja de forma expresiva:

"El problema que tenemos delante es demasiado importante y difícil para que sólo confiemos en los políticos. Es hora de que los ciudadanos y los pueblos asuman el papel que les corresponde en la marcha general de los asuntos de la humanidad.

Quizá este planteamiento produzca la misma sensación que tener que cruzar un río cuando no se sabe nadar. Pero si la
necesidad es alcanzar la otra orilla y no existe otro medio, es cuestión de aprender a nadar sobre la marcha. De igual modo, la conciencia sobre la situación ambiental y el entrenamiento en participar para su solución hay que adquirirlos con la práctica.
No podemos parar el mundo para aprender a conducirlo mejor y continuar después. Mejorar la comprensión del medio que nos rodea y aprender a participar en su gestión es un reto de las generaciones presentes y es el objetivo específico de lo que recientemente ha dado en llamarse educación ambiental"

Si "educación ambiental" es la respuesta educativa a un problema, parece necesario acotar mínimamente cuál es ese problema,
cuál el reto al que nos enfrentamos como sociedad. Para reducir, en lo posible, el riesgo habitual de acabar desgranando un
rosario de datos catastróficos al intentar esa descripción, plantearemos una sencilla metáfora y algunos hechos objetivos.

La metáfora:

Véase una impresionante marea de lemings corriendo sin descanso, ansiosamente, hacia el norte. A juzgar por las prisas que llevan y la seguridad de su rumbo, parecen dirigirse hacia algún lugar deseable, algún "paraíso del leming" donde habrá alimento en abundancia y serán felices. Sin embargo, acaban precipitándose hacia el mar, donde perecen. Quizá la avanzadilla de la manada se percató en el último momento del fin que les esperaba, quizá algunos miembros del grupo quisieron ir en otra dirección, menos dramática, pero la retaguardia empujaba, la velocidad era elevadísima... y fue imposible evitar el desastre.

La sociedad humana, en su actual discurrir, se asemeja a la manada de lemings corriendo, a toda velocidad, hacia el caos.
Algunas voces se alzan, desde hace décadas, llamando al cambio de rumbo. La avanzadilla científica, ética, intelectual... ve un negro horizonte y pretende frenar el avance desbocado por ese "camino único" que nos hemos trazado como colectividad.Para nuestra suerte, disfrutamos de un desarrollo individual y social bastante más evolucionado que los roedores del ejemplo y podemos esperar que funcionen a tiempo los mecanismos de alarma, ajuste y corrección de los que se ha dotado nuestra especie a lo largo de su historia. Uno de estos mecanismos de adaptación social ha sido, y sigue siendo, la Educación, el
proceso de transmisión del conocimiento y de conformación de valores, actitudes y comportamientos por excelencia.Para nuestra desgracia, en medio del panorama de confusión y perplejidad que vivimos, no existe una respuesta indiscutible,
una alternativa perfectamente acabada, que facilite la tarea de sustitución del modelo actual. Estamos en ese difícil momento en que el agotamiento de lo que hay se hace cada vez más evidente, pero no tenemos perfilado qué y cómo llegará a sustituirlo.

María Sintes Zamanillo es bióloga y educadora ambiental.

Niebla en Chiapas

 

NO RESULTA fácil separar el grano de la paja entre las confusas noticias que
llegan de Chiapas cuatro años después del levantamiento zapatista en ese Estado,
el más pobre de México. Entre la niebla, dos cosas son seguras: la matanza de
cerca de medio centenar de campesinos en la aldea de Acteal, y el cese del
secretario de Gobernación -equivalente al ministro del Interior- sin siquiera
esperar los resultados de la investigación ordenada por el presidente Zedillo sobre
los asesinatos. El resto es impreciso, incluida la posible ocupación militar de la
población La Realidad, el cuartel general zapatista, en busca del subcomandante
Marcos, líder de los rebeldes.

Lo que puede darse por establecido es que, cualquiera que sea su alcance, esas
operaciones del Ejército tras un año de parálisis de las conversaciones de paz
entre el Gobierno y los zapatistas no son ajenas a las repercusiones políticas de la
matanza de Acteal. Diríase que se pretende tapar la una con la otra: la eventual
implicación de caciques priístas en la masacre con la captura del subcomandante
Marcos, o al menos con oportunos descubrimientos de «arsenales» rebeldes que
dejen claro que todas las partes son responsables de la violencia.

En la situación actual de Chiapas, a punto de quebrarse el fino hilo que separa la
paz del conflicto abierto, tal confusión resulta demasiado peligrosa. Por una parte,
Zedillo parece desear un diálogo renovado con los zapatistas. Así cabe entender
la destitución de Emilio Chuayffet, responsable último de que las negociaciones
con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hayan permanecido
estancadas durante más de un año con toda clase de triquiñuelas. La ruptura del
diálogo ha envalentonado a los caciques de Chiapas (y en general a todos los que
tienen algo que perder si se alcanza un amplio y generoso acuerdo de paz), ha
azuzado la violencia y ha culminado en los horribles asesinatos del 22 de
diciembre.

La caída de Chuayffet y el encargo a su sucesor de una «nueva estrategia»
constituyen una oferta de paz, aunque sea inconcreta. Pero mientras el presidente
la planteaba desde la capital, el Ejército hacía subir la tensión sobre el terreno, en
Chiapas, con su expedición hacia el cuartel general de Marcos. ¿A quién deben
creer los dirigentes del movimiento zapatista? ¿Al presidente, que ofrece diálogo y
paz, o al Ejército, que realiza operaciones militares contradictorias con el acuerdo
tácito de no agresión mientras duran las negociaciones? Que los zapatistas no
sepan a qué atenerse parece comprensible. Pero lo más peligroso es que el
control del polvorín chiapaneco pueda escapar de las manos del presidente.

Desde su toma de posesión en diciembre de 1994, Zedillo ha confiado en el
resto de instituciones del Estado y les ha concedido un amplio margen de
actuación. Especialmente a su primer fiscal general (destituido luego en medio de
un rocambolesco escándalo) y a Chuayffet mismo, que ha manejado a su gusto la
política chiapaneca desde junio de 1995, con los aterradores resultados que hoy
llora todo el país. Sólo faltaría ahora que el Ejército, que México ha sabido
siempre mantener bajo un firme control civil, comenzase a actuar con autonomía
en el avispero de Chiapas.

La sociedad mexicana exige una solución rápida. Para conseguirla, Zedillo debe
tomar las riendas y asegurar la credibilidad de sus ofertas de paz: en la capital
federal y en Chiapas. Francico Labastida Ochoa, el nuevo secretario de
Gobernación, tiene fama de hombre de diálogo: su tarea consiste en lograr un
acuerdo de paz definitivo con los zapatistas en el plazo más breve posible. Porque
los retrasos y las equivocaciones se contabilizan en muertos, como ha demostrado
tristemente la matanza de Acteal. México no merece tanta desgracia, y está
demostrando también que no está dispuesto a esperar eternamente una paz tan
necesaria.
Extraído de El País Digital N° 612