En 1971, Michael Hart envió una copia electrónica de la Declaración de
Independencia de los Estados Unidos al centenar de usuarios que tenía la red Arpanet,
embrión de la futura Internet. Esa fue la primera acción del Proyecto Gutenberg, y la
verdad es que por aquel entonces la idea de una biblioteca electrónica iba por delante de
su tiempo y, por tanto, tardó en ser comprendida. Luego, con el tiempo, las cosas han
cambiado e incluso han surgido otras iniciativas similares, pero la personalidad del
Proyecto Gutenberg se mantiene intacta. Fue el primero y su doble propuesta, una
biblioteca digital y gratuita, sigue siendo hoy en día un desafío a las leyes del
mercado cultural y una invitación a la reflexión sobre las posibilidades de las nuevas
tecnologías.
Y es que Hart inició su épico proyecto convencido de que un texto electrónico puede
ser copiado y distribuido por un coste mínimo. Por eso, la biblioteca del Proyecto
Gutenberg está formada por una colección de libros electrónicos a los que cualquiera
puede acceder a través de varias direcciones de Internet y de diversas BBS repartidas por
todo el mundo. Son ediciones sencillas, que únicamente incluyen texto, que pueden ser
leídas incluso por los ordenadores más antiguos y que generalmente permiten que el
contenido de un libro quepa en un único disquete de ordenador. De esta manera, la copia y
distribución libre de disquetes, alentadas por el proyecto, permiten pensar en un
público potencial compuesto por todos aquellos que tienen acceso a un ordenador.
Segundo punto central de la propuesta de Hart: se trata de una biblioteca gratuita. Y
lo es porque se nutre de aquellos libros cuyo copyright ha expirado -por tanto pueden ser
reproducidos libremente- y porque centenares de voluntarios repartidos por todo el mundo
se encargan de investigar el estado del copyright de las obras y, llegado el caso, de
realizar la edición electrónica de las mismas.
En 1996, Michael Hart tiene 49 años y sigue defendiendo la mezcla de aliento clásico
y pasión digital que alumbró su idea con la misma vehemencia con la que ataca algunas
características de la Internet actual. Afincado en Urbana, Illinois (EE.UU.), Hart vive
volcado en este épico proyecto de resonancias utópicas y problemas reales como la vida
misma. El último, por ahora, el fin del apoyo que de manera no oficial le ha brindado
durante años la Universidad de Illinois.
Pese a todo, en la siguiente entrevista, fruto de varios contactos mantenidos con él
vía e-mail, Hart se muestra inasequible al desaliento y confiado en conseguir su
objetivo. "Ya tenemos más de 600 libros editados -explica- y nuestro ritmo actual de
producción es de un libro nuevo por día. Estoy seguro de que conseguiremos tener 10.000
libros publicados para el año 2001. Muchas veces ha habido intentos de pararnos, pero no
han podido".
Entrevista
Usted empezó esto en 1971. ¿Cómo ha cambiado desde entonces la manera en que la
gente ve el proyecto?
En los primeros 17 años, hasta el boom de Internet en 1988, todos pensaban que se
trataba de una idea loca. Nunca recibí un comentario diferente, incluso de la gente que
colaboraba conmigo. Muchos de ellos nunca pensaron que funcionaría, simplemente me
hacían un favor. Después las cosas han cambiado.
Una biblioteca digital y gratuita, distribución ilimitada de copias y oposición a
las leyes actuales de copyright. Todo esto puede parecer radical a los ojos de mucha gente
. ¿A qué tipo de público quiere llegar?
No veo que hay de radical en publicar de nuevo libros que tiene entre 100 y 2.500 años
de antigüedad. No hay nada nuevo en el contenido, solo hay algo nuevo en el medio. Si los
libros no son radicales, nadie puede pensar que es radical publicarlos. Por otro lado, hay
que entender que Internet ha impuesto el concepto de distribución ilimitada. Actualmente,
cuesta más hacer que la información tenga una distribución limitada que ilimitada,
aunque muchos se empeñen en lo contrario, por sus intereses particulares.
¿Cuál es su postura respecto al copyright?
El copyright debe proteger al autor y también al público, que cuando compra una obra
está pagando el derecho a que la misma, al cabo de un tiempo, pase al Dominio Publico y
por tanto pueda ser reproducida libremente. La prolongación de la duración del copyright
sólo beneficia a los grupos económicos que poseen los derechos. Actualmente en Estados
Unidos la duración del copyright se ha alargado hasta 75 anos y aún quieren ampliarla
más.
¿Es usted partidario de que el copyright desaparezca totalmente?
No creo que deba desaparecer. Soy partidario de que tenga una duración razonable.
Actualmente, un autor puede ganar más dinero que antes en mucho menos tiempo, gracias a
las ventas, a los derechos para el cine y al merchandising. Por contra, la duración del
copyright se está alargando de una manera desproporcionada. En el fondo parece que no
quieran que la cultura llegue al Dominio Publico y que las obras sean de todos. Esta no es
la manera de conseguir el público bien informado y culto que necesitan la democracia y la
libertad.
El suyo podría etiquetarse como un Proyecto Libertario para la Era Digital. ¿Es
usted libertario, políticamente hablando?
No tomo ninguna posición política. Soy tan apolítico que se me puede considerar
antipolítico.
¿Cuáles son las principales ayudas que tiene?
La más importante son los voluntarios, que trabajan desinteresadamente. También hemos
recibido donaciones individuales de dinero y el apoyo de empresas como Apple, NeXT, IBM,
Microsoft, OmmniPage/WordScan, TextPert, Groliers, Hewlett Packard y Bell & Howell. Y
la Universidad de Illinois nos ha prestado hasta ahora una valiosa ayuda no oficial. En
estos momentos el único soporte oficial que tenemos proviene de otra institucion de
Illinois, la Benedictine University.
¿El tema legal del copyright es lo que más quebraderos de cabeza les da?
Sin duda. Hemos removido un millón de libros para lo que hemos hecho y tendremos que
investigar otro millón para el trabajo que aún nos queda por hacer. Gastamos la mitad de
nuestra energía asegurándonos de que no van a poder demandarnos cuando editamos un
libro.
¿Cuántos voluntarios trabajan actualmente en el proyecto y cuál es el perfil
personal de los mismos?
Trabajan unos 700 voluntarios, una docena de los cuales son abogados. Son de Estados
Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido. Y también de los Países
Nórdicos, Alemania, Japón, Italia... En general son mayores, en edad, de lo que yo
esperaba. Es frecuente descubrir que un colaborador que pensabas que tenía 18 anos es, en
realidad, un profesor maduro. Para mi eso quiere decir que en el proyecto todos actuamos
como si fuésemos jóvenes.
Su proyecto quiere combatir una doble afirmación: la gente no lee porque los libros
son caros. Hay quien opina que globalmente se lee más que nunca y que los libros no son
más caros que el cine o la música...
Mucha gente no lee porque nunca le han enseñado a leer debidamente. Si no puedes
conseguir libros en la escuela, luego de mayor no lees. Los ordenadores pronto serán tan
numerosos como las calculadoras de bolsillo y me gustaría que hubiese millones de libros
fácilmente disponibles a través de ellos. Entonces veremos cómo se comportará una
generación de niños que habrá podido leer todo lo que haya querido.
En varios escritos, usted hace referencia a la crisis del sistema educativo en EEUU.
Algunos expertos afirman que este problema no necesita soluciones high-tech, sino por
soluciones de bajo nivel tecnológico, relativas a los hábitos de conducta, relaciones
familiares, valores culturales, etcétera. ¿Qué opina de este diagnostico?
No hay nada high-tech en el proyecto Gutenberg, ya que los libros son accesibles en
todo tipo de ordenadores, incluso en los antiguos Atari. Al final de este ano, 25 millones
de ordenadores irán a parar a la basura. Eso significa que mucha gente puede obtener uno
fácilmente y tener acceso a la literatura, que es una parte esencial de los valores
culturales.
Su biblioteca tiene vocación universal, pero de momento dominan abrumadoramente el
idioma inglés y los autores de la cultura en inglés. ¿Qué pasa con las otras lenguas y
culturas?
Tratamos denodadamente de incluir libros en otras lenguas y de otras culturas, pero en
esos casos aún es más complicado obtener la información que necesitamos . Nos gustaría
disponer de libros en castellano que ya han pasado al Dominio Publico. Me gustaría que
desde España y desde Sudamérica colaborasen con nosotros.
¿Cuánta gente utiliza los libros del Proyecto
Gutenberg? ¿Se están cumpliendo sus previsiones al respecto?
Tomaría más tiempo averiguar este tipo de dato que el que lleva publicar los libros.
Por ahora sólo hago previsiones sobre el número de libros que tenemos que publicar y
sobre cuánta gente usará ordenador en el futuro. Si hablamos de 1.000 millones de
usuarios de ordenador y de que a cada uno de ellos tendrá a sus disposición 10.000
libros, ese es un buen volumen para mí.
En su ensayo A Brief History of Internet usted es muy crítico con la dirección que
está tomando Internet. ¿Por qué?
Espero que llegue pronto una noticia que diga que el interés por los espectáculos
tipo MTV se ha colapsado y que se ha disparado el interés por la lectura. Y lo que
intento es tener una alternativa para cuando pase esto.
Para usted, la World Wide Web (WWW) debería llamarse World Wide Mall (WWM), con lo
que quedaría clara la comercialización de la red de redes. Y también dice que actual la
profusión de gráficos y otros elementos multimedia sólo sirve para que el tráfico sea
más lento y costoso. ¿Cómo pionero de Internet, cree que se esta traicionando su
espíritu inicial?
Sí, desde que el Gobierno de los Estados Unidos vendió sus intereses a las
compañías de teléfonos. Internet es un perfecto ejemplo de algo grande que se
construyó con dinero público y que ahora es propiedad de las compañías de teléfono.
Imagine que estamos en el año 2001. El proyecto Gutenberg ya tiene 10.000 libros en
versión digital, pero la gente sigue sin leer mucho. ¿Cómo se sentiría en ese caso?
Tú puedes llevar un caballo al agua, pero no puedes obligarle a beber. En cualquier
caso, creo que habrá mucha gente que leerá y utilizará nuestros libros. Creo que los
libros electrónicos son muy útiles para los estudiantes. A mí me hubiese gustado
tenerlos cuando era un estudiante.
¿Qué hará el 2001, cuando finalice el proyecto?
Una buena posibilidad es continuar, tratando de alcanzar los 100.000 libros o el
millón de libros. Tampoco estaría mal extender el campo de acción a periódicos,
revistas, música, cine, etcétera.