EL POBRECITO DRACULIN

MEZQUIRIZ

1976

ESPAÑA

90 minutos

EL POBRECITO DRACULÍN

 

 

Director :

Juan Fortuny

Interpretes :

Joe Rigoli
 
Josele Román
  
Victor Israel
  
Lita Claver

Ricardo Plamerola

Joan Borrás

Fernando Rubio

Guión :

Luis G. de Blain

Juan Fortuny Mariné

Juan Fortuny Trafaner

Fotografía :

Juan Fortuny

 

 

 

Aquéllos de ustedes que no pasen de los treinta años difícilmente podrán recordar a un impresentable cómico argentino llamado Joe Rigoli, que alcanzó cierto predicamento en España a mediados de los 70 gracias a la televisión y cuya única gracia consistía en guiñar un ojo, torcer la boca y poner cara de subnormal mientras giraba el dedo índice de su mano (por cierto, gesto que reproduce en plano final del engendro que aquí nos ocupa).

Siempre ha sido práctica común que todos aquéllos que alcanzan cierta fama en la televisión protagonicen algún filme hecho a tosa prisa intentando aprovechar el éxito casi siempre efímero de ese medio audiovisual. El señor Rigoli no fue una excepción y fue cabecera de cartel de varias producciones infectas en el breve período de su popularidad mediática. En una de ellas, la que ahora comentamos, interpretó al hijo del conde Drácula, quien había fallecido, según se nos indica, al ingerir sangre de una enferma de leucemia (?). Cuando Draculín (sic) vuelve a la vida descubre que su mansión se ha convertido en una discoteca (la acción se sitúa en los Cárpatos, pero hay actores con acusadísimo acento catalán y los coche se nos muestran, sin ningún reparo, con la matrícula de Barcelona); como el bueno de Draculín no puede soportar la polución ambiental de la ciudad, se traslada a la residencia campestre de su familia, donde se va a ver mezclado en una absurda e inane trama que mezcla a una banda de traficantes de diamantes con un trío de viajeros que busca refugio en el castillo. Ustedes me perdonarán -y supongo que me agradecerán- que no les resuma el tedioso argumento de este bodrio, creo que con que les señale algunos detalles se podrán hacer una idea de cómo es la película:

- Siguiendo una costumbre inveterada, el recurso cómico más explotado consiste en que un personaje ve al vampiro, se asusta, y, cuando pretende mostrarlo a los demás, éste ya se ha devanecido, lo que provoca la burla o el enfado de sus compañeros (aquéllos de ustedes que hayan sufrido la visión de alguna cinta de Abbot y Costello saben de lo que les hablo). ¡Tedioso!

- El jefe de la banda se dedica a repartir tortazos sin ton ni son a sus sobordinados mientras su amiguita indefectiblemente exclama: "¡Aguanta, macho!" ¡Inenarrable!

- Hay juegos de palabras del tipo: "soy un conde... nado a sufrir tanta cabro... " o "siéntate junto a la cómoda, verás qué cómodo estás". Los tres guionistas, según parece, eran expertos en el dominio del calambur y la paronomasia, dignos sucesores de Quevedo y Gracián. ¡Bochornoso!

- Como Draculín no "se come un rosco" con su atuendo decimonónico, su padre, desde el más allá, lo transforma en un "hippy" con peluca a lo HAIR y abalorios varios. Con este nuevo "look" humedece las entrepiernas de todas las chicas del castillo. ¡Grotesco!

- Entre los personajes del filme hay un "mariquita" y un "tartaja", lo cual, ya saben, siempre da mucha risa. ¡Vomitivo!

Y así podríamos seguir "ad nauseam", pero creo que ni ustedes ni yo nos merecemos la prolongación de esta crítica. Citemos sólo, para finalizar, la aparición en el elenco de actores, de Joan Brorràs (quien se convirtiría en el actor obligado de todas las comedias "a la catalana" de los años 80), de Víctor Israel (el secundario omnipresente en el fantástico español del período) y de dos figuras señeras del Paralelo barcelonés: el inmortal Pipper haciendo de "loca" (un papel que bordaba) y de la polifacética Lita Claver "La Maña", cumbre de la finura y la exquisitez, que, en este filme, lo mismo que sus otras dos compañeras de reparto,   sale casi siempre en camisón transparente, en ropa interior o solamente en bragas.

Si alguna vez tienen la oportrunidad de verla, evítenla. No tiene maldita la gracia.