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ventanas
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otras v entanase scolare l sótano de arriba
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octubre 2004
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joaquín blanes
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9 de octubre Como está visto que la constancia no es precisamente lo que me caracteriza, pero sí tengo una buena voluntad que merece, y como en realidad después de tanto tiempo con el mismo tono blanco y verde, ni que fuera del betis, a mí que no me gusta el fútbol, manque pierdan, y como además algo cambió la suerte en este departamento de Languages & Linguistics al que pertenezco en NMSU y como también preferiría tener una cierta retroalimentación o lo que dicen por acá, algo de feedback, pues me decido a cambiar de aires, visto que un amigo tiene un (una, qué genero tienen?) blog de colores bastante atractivos para una mosca como yo, atraído por todos esos factores y porque me inclino a pensar que el mundo tiene algo de laberinto, y si no que se lo pregunten a borges, y de juego de espejos puesto uno enfrente del otro, abro un nuevo canal, un nuevo camino en este mi laberinto e invito a los que quieran a hurgar en otro lugar, donde tiene continuidad esta página: la letra e
1 de octubre Ricardo Aguilar-Melantzón
16 septiembre de 1947 - 24 de septiembre de 2004 No me gusta tener que hacer un obituario de mi página, pero no me queda otra, es mucho lo que le debo a Ricardo desde que llegué aquí a la universidad de Las Cruces, Nuevo México. Lo que en realidad le debemos mucho. Ricardo se había cambiado el nombre, era Richard, pero él decía, qué carajo, yo soy Ricardo no Richard, reivindicaba su condición de chicano, era un excelente narrador, sus escritos estaban más llenos de vivencias que de ficción, aunque también. Ricardo daba clases en NMSU, pero también durante años dio clases en la universidad de Ciudad Juárez, allí las daba gratis, porque siempre defendió la idea de la educación como progreso."Hay que enseñarle a los nuestros", le dijo alguna vez a un amigo suyo. Me sirvo de un texto que escribí para la presentación de su libro Que es un soplo la vida, libro que ahora nos parece a todos tristemente premonitorio. Este es mi homenaje para quien nos hizo crecer como estudiantes, pero también como amigos, gracias Ricardo. Un homenaje del profesor José Manuel García: Dieciocho fragmentos a la memoria de Ricardo Aguilar Melantzón La prensa recogió la noticia: Su página web, donde pueden leerse algunos cuentos. Derribar al olvido Desde luego que no pretendo ser de esos tipos que en una reunión fastidian la trama de una película diciendo "...y sí, Bruce Willis está muerto… ah, pero ¿qué no vieron la película?" Y ahí todos que lo miren a uno con ganas de darle de patadas. No, este no es mi caso, no quisiera que terminaran odiándome por haberles reventado el libro de Ricardo. Yo pretendo hablarles de la riqueza de este libro, una riqueza, que para mí, como lector agradecido, he encontrado de dos formas: La primera en la memoria, en la obstinada labor de Ricardo para derrotar al olvido, para evitar que nos gobierne la desmemoria, porque nosotros somos como otra generación, una generación mas cómoda, más aposentada, menos atenta a nuestro alrededor, me parece a mí. La segunda en los modos narrativos con que Ricardo crea una dependencia al lector al que le cuesta y mucho abandonar la lectura. Pero vayamos por partes: Con la memoria ocurre lo que con el cuerpo, que si no se ejercita, se debilita y se atumora. Jorge Semprún, un escritor europeamente mestizo, ya que es español pero escribe en francés, escribe siempre sobre el mismo tema: la memoria de un holocausto. Él estuvo preso en Buchenwald (no sé ni como se pronuncia, lo hago por aproximación, perdonen mi alemán); comenzó a escribir a los cuarenta años porque se preguntaba quién iba a recordar la barbarie del Holocausto nazi cuando ellos, los que sufrieron directamente tales atrocidades, ya no estuvieran. La memoria es débil, en mi país se ha comenzado a olvidar que vivimos una dictadura durante 36 años y ahora se está levantando un golpe de intolerancia que a mí me asusta. Eso tiene de rico el libro de Ricardo, que nos trae sus vivencias como parte de una historia que no hay que olvidar, sólo para que no se repita la historia como un ciclo insalvable, porque no se puede olvidar cuando Ricardo escribe que: “Oscar era chico y una vez perdió un libro y una profesora de nombre Laforgue lo amenazó con no sé cuantos sustos” y esa fue una realidad, tan tangible como la de obligar a los niños mexicanos a hablar inglés en la escuela no con métodos pedagógicos, desde luego. e Derribar al olvido es la consigna de Ricardo, porque “es un soplo la vida” y es una lástima que lo tremendo se repita. La manera en que Ricardo nos trae la memoria es con su forma de narrar. De un lado está esa enumeración cadenciosa, musical, que anega los sentidos del lector, ese detallismo elaborado, pormenorizado, ese mostrar hasta las costuras de la memoria, que es un proceso de elaboración muy complicado, porque no tiene tanta improvisación como pueda parecer, sino que está elaborado artesanalmente como un orfebre de las palabras que es Ricardo. Esa enumeración recuerda, creo que en esto no me equivoco, al “noveau roman” (lo siento, la critica lo llamo así, no yo), a esas narraciones del Michel Butor de “La Modificación” o del George Pérec de “Las cosas”. Y a todo este detallismo Ricardo le añade un excelente juego de narradores. Él comienza a contar la historia en segunda persona: “Ya estabas cansado de todo” y parece que a quien ha está viviendo la historia eres tú, lector; ya luego uno se va dando cuenta que es una zalamería, un engaño del bueno de Ricardo, una técnica para envolverte y entonces dices, "pero bueno, este de aquí no soy yo, qué demonios", pero ya estás atrapado, ya no puedes dejar de leer, porque quieres saber por qué te alistaste en la marina, o qué te llevó a hacer aquel viaje en motocicleta desde Juárez hasta Alburquerque, por qué sudabas tanto cuando te subías a un avión, qué pasaba por tu cabeza cuando te dieron la noticia de lo de Jim o lo de Victor. “Eso” Hay tantas cosas hermosas en este libro que no quiero tener que enumerarlas, porque ya están enumeradas en sus páginas, mejor léanlo (es un imperativo cariñoso), y no se arrepentirán. |
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