7 piezas sueltas para construir con otras
El rompecabezas del neoliberalismo
La globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe entenderse como una nueva guerra
de conquista de territorios.
El fin de la III Guerra Mundial o "Guerra Fría" no significa que el mundo haya superado la bipolaridad
y se encuentre estable bajo la hegemonía del triunfador. Al terminar esta guerra hubo, sin lugar a dudas,
un vencido (el campo socialista), pero es difícil decir quién fue el vencedor. ¿Europa Occidental?
¿Estados Unidos? ¿Japón? ¿Todos ellos? El caso es que la derrota del "imperio
del mal" (Reagan y Thatcher dixit) significó la apertura de nuevos mercados sin dueño. Correspondía,
por tanto, luchar para tomar posesión de ellos, conquistarlos.
No sólo eso; el fin de la "Guerra Fría" trajo consigo un nuevo marco de relaciones internacionales
en el que la lucha nueva por esos nuevos mercados y territorios produjo una nueva guerra mundial, la IV. Esto obligó,
como en todas las guerras, a una redefinición de los Estados nacionales. Y más allá de la
redefinición de los Estados nacionales, el orden mundial volvió a las viejas épocas de las
conquistas de América, Africa y Oceanía. Extraña modernidad este que avanza hacia atrás;
el atardecer del siglo XX tiene más semejanzas con sus brutales centurias antecesoras que con el plácido
y racional futuro de algunas novelas de ciencia-ficción. En el mundo de la Posguerra Fría vastos
territorios, riquezas, y sobre todo, fuerza de trabajo calificada, esperaban un nuevo amo...
Pero uno es el puesto de dueño del mundo, y varios son los aspirantes a serlo. Y para lograrlo se desata
otra guerra, pero ahora entre aquellos que se autodenominaron el "imperio del bien".
Si la III Guerra Mundial fue entre el capitalismo y el socialismo (liderados por los Estados Unidos y la URSS respectivamente),
con escenarios alternos y diferentes grados de intensidad; la IV Guerra Mundial se realiza ahora entre los grandes
centros financieros, con escenarios totales y con una intensidad aguda y constante.
Desde el fin de la II Guerra Mundial hasta 1992, se han librado 149 guerras en todo el mundo. El resultado, 23
millones de muertos, no deja dudas de la intensidad de este III Guerra Mundial (datos de UNICEF).
Desde las catacumbas del espionaje internacional hasta el espacio sideral de la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica
(la "Guerra de las Galaxias" del cowboy Ronald Reagan); desde las arenas de Playa Girón, en Cuba,
hasta el Delta del Mekóng, en Vietnám; desde la desenfrenada carrera armamentista nuclear hasta los
salvajes golpes de Estado en la dolorosa América Latina; desde las ominosas maniobras de los ejércitos
de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hasta los agentes de la CIA en la Bolivia del
asesinato del Ché Guevara; la mal llamada "Guerra Fría" alcanzó altas temperaturas
que, a pesar del continuo cambio de escenario y el incesante sube-y-baja de la crisis nuclear (o precisamente por
eso), acabaron por fundir al campo socialista como sistema mundial, y lo diluyeron como alternativa social.
La III Guerra Mundial mostró las bondades de la "guerra total" (en todas partes y en todas las
formas) para el triunfador: el capitalismo. Pero el escenario de posguerra quedó perfilado, de hecho, como
un nuevo teatro de operaciones mundial: grandes extensiones de "tierra de nadie" (por el desfonde político,
económico y social de Europa del Este y de la URSS), potencias en expansión (Estados Unidos, Europa
Occidental y el Japón), crisis económica mundial, y una nueva revolución tecnológica:
la informática. "De la misma forma que la revolución industrial había permitido el
reemplazo del músculo por la máquina, la actual revolución informática apunta al reemplazo
del cerebro (al menos de un número cada vez más importante de sus funciones) por la computadora.
Esta "cerebralización general" de los medios de producción (lo mismo en la industria que
en los servicios) es acelerada por la explosión de nuevas investigaciones en las telecomunicaciones y por
la proliferación de los cybermundos" (Ignacio Ramonet. "Geopolítica del caos".
Le Monde Diplomatique, edición española, marzo, 1997).
El rey supremo del capital, el financiero, empezó entonces a desarrollar su estrategia guerrera sobre
el nuevo mundo y sobre lo que quedaba en pie del viejo. De la mano de la revolución tecnológica que
ponía al mundo entero, por medio de una computadora, en sus escritorios y a su arbitrio, los mercados financieros
impusieron sus leyes y preceptos a todo el planeta. La "mundialización" de la nueva guerra no
es más que la mundialización de las lógicas de los mercados financieros. De rectores de la
economía, los Estados nacionales (y sus gobernantes) pasaron a ser regidos, más bien teledirigidos,
por el fundamento del poder financiero: el librecambio comercial. Y no sólo eso; la lógica del mercado
aprovechó la "porosidad" que, en todo el espectro social del mundo, provocó el desarrollo
de las telecomunicaciones, y penetró y se apropió todos los aspectos de la actividad social. ¡Por
fin una guerra mundial totalmente total!
Una de las primeras bajas de este nueva guerra es el mercado nacional. Como una bala disparada dentro de un cuarto
blindado, la guerra iniciada por el neoliberalismo rebota de uno a otro lado y hiere a quien la disparó.
Una de las bases fundamentales del poder del Estado capitalista moderno, el mercado nacional, es liquidada por
el cañonazo de la nueva era de la economía financiera global. El capitalismo internacional cobra
algunas de sus víctimas caducando los capitalismos nacionales y adelgazando, hasta la inanición,
los poderes públicos. El golpe ha sido tan brutal y definitivo que los Estados nacionales no disponen de
la fuerza necesaria para oponerse a la acción de los mercados internacionales que transgrede los intereses
de ciudadanos y gobiernos.
El cuidado y ordenado escaparate que se suponía heredaba el fin de la "Guerra Fría", el
"nuevo orden mundial", pronto se ve hecho añicos por la explosión neoliberal. El capitalismo
mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional.
Empresas y Estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias, sino por
los embates de los huracanes financieros. El hijo (el neoliberalismo) devora al padre (el capitalismo nacional),
y de paso destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial
no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad.
En el escenario mundial producto del fin de la "Guerra Fría" sólo se percibe un nuevo
campo de batalla y en éste, como en todo campo de batalla, reina el caos.
A finales de la "Guerra Fría", el capitalismo crea un nuevo horror bélico: la bomba de
neutrones. La "virtud" de este arma es que sólo destruye la vida y respeta las construcciones.
Ya se podían destruir ciudades enteras (es decir, sus habitante s) sin que fuera necesario reconstruirlas
(y pagar por ello). La industrie armamentista se felicitó a sí misma, la "irracionalidad"
de las bombas nucleares era suplantada por la nueva "racionalidad" de la bomba de neutrones. Pero una
nueva "maravilla" bélica será descubierta a la par del nacimiento de la IV Guerra Mundial:
la bomba financiera.
Porque la nueva bomba neoliberal, a diferencia de su antecesora atómica en Hiroshima y Nagasaki, no sólo
destruye la polis (la Nación en este caso) e impone la muerte, el terror y la miseria a quienes la habitan;
o. a diferencia de la bomba de neutrones, no sólo destruye "selectivamente". La neoliberal, además,
reorganiza y reordena lo que ataca y lo retrace como una pieza dentro del rompecabezas de la globalización
económica. Después de su efecto destructor, el resultado no es un montón de ruinas humeantes,
o decenas de miles de vidas inertes sino una barriada que se suma a algunas de las megápolis comerciales
del nuevo hipermercado mundial y una fuerza de trabajo reacomodada en el nuevo mercado de trabajo mundial.
La Unión Europea, una de las megápolis producto del neoliberalismo, es un resultado de la presente
IV Guerra Mundial. Aquí, la globalización económica logró borrar las fronteras entre
Estados rivales, enemigos entre sí desde hace mucho tiempo, y les obligó a converger y plantearse
la unión política. De los Estados nacionales a la federación europea, el camino economicista
de la guerra neoliberal en el llamado "viejo continente" estará lleno de destrucción y
de ruinas, una de ellas será la civilización europea.
Las megápolis se reproducen en todo el planeta. Las zonas comerciales integradas son el terreno donde
se erigen. Así ocurre en América del Norte, donde el Tratado de Libre Comercio para América
del Norte ("NAFTA" por sus siglas en inglés) entre Canadá, los Estados Unidos y México
no es más que el preludio del cumplimiento de una vieja aspiración de conquista estadounidense: "América
para los americanos" . En América del Sur se camina en igual sentido con el Mercosur entre Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay. En Africa del Norte, con la Unión del Maghreb árabe (UMA) entre Marruecos
Argelia, Túnez, Libia y Mauritania; en Africa del Sur, en el Cercano Oriente, en el Mar Negro, en Asia Pacífico,
etc., en todo el planeta explotan las bombas financieras y se reconquistan territorios.
¿Las megápolis sustituyen a las naciones?. No, o no sólo. También las incluyen y les
reasignan funciones, límites y posibilidades. Países enteros se convierten en departamentos de la
megaempresa neoliberal. El neoliberalismo opera así la DESTRUCCION/ DESPOBLAMIENTO por un lado, y la RECONSTRUCCION/
REORDENAMIENTO por el otro, de regiones y de naciones para abrir nuevos mercados y modernizar los existentes.
Si las bombas nucleares tenían un carácter disuasivo, intimidatorio y coercitivo en la III Guerra
Mundial, en la IV conflagración mundial no ocurre lo mismo con las hiperbombas financieras. Estas armas
sirven para atacar territorios (Estados Nacionales) destruyendo las bases materiales de su soberanía nacional
(obstáculo ético, jurídico, político, cultural e histórico contra la globalización
económica) y produciendo un despoblamiento cualitativo en sus territorios. Este despoblamiento consiste
en prescindir de todos aquellos que son inútiles para la nueva economía de mercado (por ejemplo los
indígenas).
Pero, además, los centros financieros operan, simultáneamente, une reconstrucción de
los Estados nacionales y los reordenan según la nueva lógica del mercado mundial (los modelos
económicos desarrollados se imponen sobre relaciones sociales débiles o inexistentes).
La IV Guerra Mundial en el terreno rural, por ejemplo, presenta este efecto. La modernización rural, que
exigen los mercados financieros, trata de incrementar la productividad agrícola, pero lo que consigue es
destruir las relaciones sociales y económicas tradicionales. Resultado: éxodo masivo del campo a
las ciudades. Si, como en una guerra. Mientras tanto, en las zonas urbanas se satura el mercado de trabajo y la
distribución desigual del ingreso es la "justicia" que espera a quienes buscan mejores condiciones
de vida.
De ejemplos que ilustran este estrategia está lleno el mundo indígena: Ian Chambers, director de
la Oficina para Centroamérica de la OIT (de las Naciones Unidas), declaró que la población
indígena mundial, calculada en 300 millones, vive en zonas que tienen el 60% de los recursos naturales del
planeta. Así que "no sorprenden los múltiples conflictos por el uso y destino de sus tierras
alrededor de los intereses de gobiernos y empresas (...) La explotación de recursos naturales (petróleo
y minería) y el turismo son las principales industrias que amenazan los territorios indígenas en
América" (entrevista de Martha Garcia en "La Jornada", 28 de mayo de 1997). Detrás
de los proyectos de inversión vienen la polución, la prostitución y las drogas. Es decir,
se complementan destrucción/ despoblamiento y reconstrucción/ reordenamiento de la zona.
En este nueva guerra mundial, la política moderna como organizadora del Estado nacional no existe más.
Ahora la política es sólo un organizador económico y los políticos son modernos administradores
de empresas. Los nuevos dueños del mundo no son gobiernos, no necesitan serlo. Los gobiernos "nacionales"
se encargan de administrar los negocios en las diferentes regiones del mundo.
Este es el "nuevo orden mundial", la unificación del mundo entero en un solo mercado. Las naciones
son tiendas de departamentos con gerentes a manera de gobiernos, y las nuevas alianzas regionales, económicas
y políticas, se acercan más al modelo de un moderno "mall" comercial que a une federación
política. La "unificación" que produce el neoliberalismo es económica, es la unificación
de mercados para facilitar la circulación de dinero y mercancías. En el gigantesco hipermercado mundial
circulan libremente las mercancías, no las personas.
Como toda iniciativa empresarial (y de guerra), este globalización económica va acompañada
de un modelo general de pensamiento. Sin embargo, entre tantas cosas nuevas, el modelo ideológico que acompaña
al neoliberalismo en su conquista del planeta tiene mucho de viejo y mohoso. El "american way of life"
que acompañó a las tropas norteamericanas en la Europa de la II Guerra Mundial, en el Vietnam de
los 60's y, más recientemente, en la Guerra del Golfo Pérsico, ahora va de la mano (o más
bien de las computadoras) de los mercados financieros. No se trata sólo de une destrucción material
de las bases materiales de los Estados nacionales, también (y de manera tan importante como poco estudiada)
se trata de une destrucción histórica y cultural. El digno pasado indígena de los países
del continente americano, la brillante civilización europea, la sabia historia de las naciones asiáticas,
y la poderosa y rica antigüedad de Africa y Oceanía, todas las culturas y las historias que forjaron
naciones son atacadas por el modo de vida norteamericano. El neoliberalismo impone así une guerra total:
la destrucción de naciones y grupos de naciones para homologarlas con el modelo capitalista norteamericano.
Una guerra pues, une guerra mundial, la IV. La peor y la más cruel. La que el neoliberalismo libra en
todas partes y por todos los medios en contra de la humanidad.
Pero, como en toda guerra, hay combates, hay vencedores y vencidos, y hay pedazos rotos de esa realidad destruida.
Para intentar armar el absurdo rompecabezas del mundo neoliberal hacen falta muchas piezas. Algunas se pueden encontrar
entre las ruinas que este guerra mundial ha dejado ya sobre la superficie planetaria. Cuando menos 7 de esas piezas
pueden reconstruirse y alentar la esperanza de que este conflicto mundial no termine con el rival más débil:
la humanidad.
PIEZA 1:
La concentración de la riqueza y la distribución de la pobreza.
(se construye dibujando un signo monetario).
En la historia de la humanidad, distintos modelos sociales se han disputado el enarbolar el absurdo como distintivo
del orden mundial. Seguramente el neoliberalismo tendrá un lugar privilegiado a la hora de los premios,
porque su "reparto" de la riqueza social no hace más que distribuir un doble absurdo de acumulación:
la acumulación de riquezas en manos de unos cuantos, y la acumulación de pobreza en millones de seres
humanos.
En el mundo actual, la injusticia y la desigualdad son los signos distintivos. El planeta Tierra, tercero del sistema
planetario solar, tiene 5 mil millones de seres humanos. En él, sólo 500 millones de personas viven
con comodidades mientras 4 mil 500 millones padecen pobreza y tratan de sobrevivir.
Un doble absurdo es el balance entre ricos y pobres: los ricos son pocos y los pobres son muchos. La diferencia
cuantitativa es criminal, pero el balance entre los extremos se consigue con la riqueza: los ricos suplen su minoría
numérica con miles de millones de dólares.
La fortuna de las 358 personas más ricas del mundo (miles de millones de dólares) es superior al
ingreso anual del 45% de los habitantes más pobres, algo así como 2 mil 600 millones de personas.
Las leontinas de oro de los relojes financieros se convierten en une pesada cadena para millones de seres. Mientras
que la "...cifra de negocios de la General Motors es más elevada que el Producto Nacional Bruto
(PNB) de Dinamarca, la de la Ford es más importante que el PNB de Africa del Sur, y la de Toyota sobrepasa
al PNB de Noruega" (Ignacio Ramonet, en Le Monde diplomatique, edición española, enero
1997), para todos los trabajadores los salarios reales han caído, además de que deben sortear los
cortes de persona! en las empresas, el cierre de fábricas y la reubicación de sus centros laborales.
En las llamadas "economías capitalistas avanzadas" el número de desempleados llega ya a
los 41 millones de trabajadores.
En forma paulatina, la concentración de la riqueza en pocas manos y la distribución de la pobreza
en muchas, va delineando el signo de la sociedad mundial moderna: el frágil equilibrio de absurdas desigualdades.
La decadencia del sistema económico neoliberal es un escándalo: "La deuda mundial (comprendiendo
las de las empresas, los gobiernos y las administraciones) ha sobrepasado los 33,100 miles de millones de dólares,
es decir, 130% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y crece a una tasa del 6% al 8% por año, más
de 4 veces el crecimiento del PIB mundial" (Frédéric F. Clairmont, "Las doscientas
sociedades que controlan el mundo", Le Monde diplomatique, edición española, abril, 1997).
El progreso de las grandes transnacionales no implica el avance de las naciones desarrolladas. Al contrario; mientras
más ganan los gigantes financieros, más se agudiza la pobreza en los llamados "países
ricos".
La diferencia a eliminar entre ricos y pobres es brutal y no parece haber ninguna tendencia por ese rumbo, antes
al contrario. Lejos de atenuarse, ya no digamos de eliminarse, la desigualdad social se acentúa, sobre todo
en las naciones capitalistas desarrolladas: en Estados Unidos, el 1% de los norteamericanos más ricos ha
obtenido el 61,6% del conjunto de la riqueza nacional del país entre 1983 y 1989. El 80% de los norteamericanos
más pobres no se han repartido más que el 1,2%. En la Gran Bretaña el número de los
sin techo se ha duplicado; el número de niños que viven sólo de la ayuda social ha pasado
del 7% en 1979 al 26% en 1994; el número de británicos que vive en la pobreza (definida como menos
de la mitad del salario mínimo) ha pasado de 5 millones a 13.700.000; el 10% de los mas pobres han perdido
el 13% de su poder adquisitivo, mientras que el 10% de los más ricos han ganado el 65% y desde hace cinco
años se ha doblado el número de millonarios (datos de LMD, IV/97).
A inicios de la década de los 90's "...unas 37.000 firmas transnacionales encerraban, con sus 170.000
filiales, la economía internacional en sus tentáculos. Sin embargo, el centro del poder se sitúa
en el circulo más restringido de las 200 primeras: desde los inicios de los años 80, ellas han tenido
una expansión ininterrumpida por via de las fusiones y las compras "de rescate" de empresas. De
este modo, la parte del capital transnacional en el PIB mundial ha pasado de 17% a mitad de los años 60
a 24% en 1982 y a más del 30% en 1995.
Las 200 primeras son conglomerados cuyas actividades planetarias cubren sin distinción los sectores primario,
secundario y terciario. grandes explotaciones agrícolas, producción manufacturera, servicios financieros,
comercio, etc. geográficamente ellas se reparten entre 10 países : Japón (62), Estados
Unidos (53), Alemania (23), Francia (19), Reino Unido (II), Suiza (8), Corea del Sur (6), Italia (5) y Países
Bajos (4) ". (Fréderic F. Clairmont, Op.Cit.).
PIEZA 2:
La globalización de la explotación.
(se construye dibujando un triángulo)
Una de las falacias neoliberales consiste en decir que el crecimiento económico de las empresas trae
aparejados un mejor reparto de la riqueza y un crecimiento del empleo. Pero no es así. De la misma forma
que el crecimiento del poder político de un rey no trae como consecuencia un crecimiento del poder político
de los súbditos (antes al contrario), el absolutismo del capital financiero no mejora la distribución
de la riqueza ni provoca mayor trabajo para la sociedad . Pobreza, desempleo y precariedad en el trabajo son sus
consecuencias estructurales.
En los años de las décadas de 1960 y 1970, la población considerada pobre (con menos de un
dólar diario de ingreso para resolver sus necesidades elementales, según el Banco Mundial) era de
unos 200 millones de personas. Para el inicio de la década de los 90's sumaba ya 2.000 millones de seres
humanos. Además el "...montante de las 200 empresas más importantes del planeta representa
más de un cuarto de la actividad económica mundial; y sin embargo, esas 200 firmas emplean sólo
a 18,8 millones de asalariados, o sea, menos del 0, 75% de la mano de obra del planeta" (Ignacio Ramonet
en LMD, enero, 1997).
Más seres humanos pobres y más empobrecidos, menos personas ricas y más enriquecidas; estes
son las lecciones del trazo de la pieza del rompecabezas neoliberal. Para lograr este absurdo, el sistema capitalista
mundial "moderniza" la producción, la circulación y el consumo de las mercancías.
La nueva revolución tecnológica (la informática) y la nueva revolución política
(las megápolis emergentes sobre las ruinas de los Estados nacionales) producen una nueva "revolución"
social. Esta "revolución" social no consiste más que en un reacomodo, un reordenamiento
de las fuerzas sociales, principalmente de la fuerza de trabajo.
La Población Económicamente Activa (PEA) pasó de 1.376 millones en 1960 a 2.374 millones de
trabajadores en 1990. Más seres humanos con capacidad de trabajo, es decir, de generar riquezas.
Pero el "nuevo orden mundial" no sólo acomoda a este nueva fuerza de trabajo en espacios geográficos
y productivos, además reordena su lugar (o su no-lugar, como en el caso de desempleados y subempleados)
en el plan globalizador de la economía.
La Población Mundial Empleada por Actividad (PMEA) se modificó substancialmente en los últimos
20 años. La PMEA en el sector agrícola y pesquero pasó del 22% en 1970 al 12% en 1990; en
la manufactura del 25% en 1970 al 22% en 1990; mientras que en el sector terciario (comercio, transporte, banca
y servicios) creció del 42% en 1970 al 56% en 1990. En el caso de los países subdesarrollados, el
sector terciario creció del 40% en 1970 al 57% en 1990; mientras que su población empleada en el
sector agrícola y pesquero cayó del 30% en 1970 al 15% en 1990. (Datos de "Mercado Mundial
de Fuerza de Trabajo en el Capitalismo Contemporáneo". Ochoa Chi, Juanita del Pilar. UNAM. Economía.
México, 1997).
Esto significa que cada vez más trabajadores son canalizados hacia las actividades necesarias para incrementar
la productividad o para acelerar la realización de mercancías. El sistema neoliberal opera así
como un megapatrón, concibiendo al mercado mundial como una empresa unitaria, administrada con criterios
"modernizadores".
Pero la "modernidad" neoliberal parece más cercana al bestial nacimiento del capitalismo como
sistema mundial, que a la "racionalidad" utópica. La "moderna" producción capitalista
sigue basada en el trabajo de niños, mujeres y trabajadores inmigrantes. De los 1.148 millones de niños
en el mundo, por lo menos 100 millones viven literalmente en la calle y 200 millones trabajan, y se prevé
que serán 400 millones para el año 2.000. Se dice además, que 146 millones de niños
asiáticos laboran en la producción de autopartes, jugueteria, comida, herrería y química.
Pero este explotación del trabajo infantil no sólo se da en los países subdesarrollados: 40%
de los niños ingleses y 20% de los niños franceses trabajan para completar el gasto familiar o para
sobrevivir. También en la "industria" del placer hay lugar para los infantes. La ONU calcula que,
cada año, un millón de niños entra en el comercio sexual (datos en Ochoa Chi, J. Op.Cit).
La bestia neoliberal invade el todo social mundial homogeneizando hasta las pautas de alimentación.
"En términos globales si bien observamos que hay particularidades en el consumo alimenticio de cada
región, (y a su interior), no por ello deja de ser evidente el proceso de homogeneización que se
está imponiendo, incluso sobre las diferencias fisiológico-culturales de las diversas zonas"
("Mercado mundial de medios de subsistencia. 1960-1990". Ocampo Figueroa, Nashelly, y Flores Mondragón,
Gonzalo. UNAM. Economia 1994).
Esta bestia le impone a la humanidad una pesada carga. El desempleo y la precariedad de millones de trabajadores
en todo el mundo es una aguda realidad que no tiene visos ni siquiera de atenuarse. El desempleo en los países
de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pasó del 3,8%
en 1966 al 6,3% en 1990. Tan sólo en Europa pasó del 2,2% en 1966 al 6,4% en 1990.
La imposición de las leyes del mercado en todo el mundo, el mercado globalizado, no ha hecho sino destruir
las pequeñas y medianas empresas. Al desaparecer los mercados locales y regionales, los pequeños
y medianos productores se ven a si mismos sin protecciones y sin posibilidad alguna de competir contra los gigantes
transnacionales.
Resultado: quiebra masiva de empresas. Consecuencia: millones de trabajadores al desempleo. El absurdo neoliberal
reiterado: el crecimiento de la producción no genera empleo, al contrario, lo destruye. La
Organización de las Naciones Unidas (ONU) nombre a este etapa como "crecimiento sin empleo".
Pero la pesadilla no termina ahí. Además de la amenaza del desempleo, los trabajadores deben enfrentar
condiciones precarias de ocupación. mayor inestabilidad del empleo, prolongación de las jornadas
de trabajo y desventaja salarial, son consecuencias de la globalización en general y de la "terciarización"
de la economía (el crecimiento del sector "servicios") en particular. "En los países
dominados, la mano de obra sufre una precariedad multiforme: extremada movilidad, empleos sin contrato, salarios
irregulares y generalmente inferiores al mínimo vital y regímenes de jubilación héticos,
actividades independientes no declaradas, con ingresos aleatorios, es decir, servidumbre o realización de
un trabajo forzoso por parte de sectores, supuestamente protegidos, como los niños" (Alain Morice.
"Los trabajadores extranjeros, avanzadilla de la precariedad". Le Monde Diplomatique, edición
española. Enero1997).
Las consecuencias de todo esto se traducen en un verdadero desfonde social globalizado. El reordenamiento de los
procesos de producción y circulación de mercancías y el reacomodo de las fuerzas productivas,
producen un excedente peculiar : seres humanos que sobran, que no producen, que no consumen, que no son sujetos
de crédito, en suma, que son desechables.
PIEZA 3:
Migración, la pesadilla errante
(se construye dibujando un circulo)
Hablamos antes de la existencia de nuevos territorios, al final de la III Guerra Mundial, que esperaban ser conquistados (los antiguos países socialistas), y de otros que debían ser reconquistados por el "nuevo orden mundial". Para lograrlo, los centros financieros llevan adelante una triple estrategia criminal y brutal: proliferan las "guerras regionales" y los "conflictos internos", los capitales siguen rutas de acumulación atípica, y se movilizan grandes masas de trabajadores.
El resultado de este guerra mundial de conquista es una gran rueda de millones de emigrantes en todo el mundo. "Extranjeros" en el mundo "sin fronteras" que prometieron los vencedores de la III Guerra Mundial, millones de personas padecen la persecución xenófoba, la precarización laboral, la pérdida de identidad cultural, la represión policiaca, el hambre, la cárcel y la muerte.
"Del Rio Grande americano al espacio Schengen "europeo", se confirma una doble tendencia contradictoria:
por un lado, las fronteras se cierran oficialmente a las migraciones de trabajo; por otro, ramas enteras de la
economía oscilan entre la inestabilidad y la flexibilidad, que son los medios más seguros para a
traer la mano de obra extranjera, " (Alain Morice, "Los trabajadores extranjeros, avanzadilla de
la precariedad". Le Monde Diplomatique, edición española, enero, 1997.).
Con nombres distintos, bajo una diferenciación jurídica, compartiendo una igualdad miserable,
los migrantes o refugiados o desplazados de todo el mundo son "extranjeros" tolerados o rechazados. La
pesadilla de la migración, cualquiera que sea la causa que la provoque, sigue rodando y creciendo sobre
la superficie planetaria. El número de personas que estarían en el ámbito de competencia del
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) ha crecido desproporcionadamente de algo más
de 2 millones en 1975, a mas de 27 millones en 1995.
Destruidas las fronteras nacionales (para las mercancías), el mercado globalizado organiza la economía
mundial: la investigación y el diseño de bienes y servicios, así como su circulación
y consumo, son pensados en términos intercontinentales. Para cada parte del proceso capitalista, el "nuevo
orden mundial" organiza el flujo de fuerza de trabajo, especializada y no, hacia donde lo necesita. Lejos
de sujetarse a la "libre concurrencia" tan cacareada por el neoliberalismo, los mercados de empleo están
cada vez mas determinados por los flujos migratorios. Tratándose de trabajadores especializados, aunque
poco en comparación con la migración mundial, este "traspaso de cerebros" representa mucho
en términos de poder económico y de conocimientos. Pero, sea de fuerza de trabajo calificada, sea
de simple mano de obra, la política migratoria del neoliberalismo está más orientada a desestabilizar
el mercado mundial de trabajo que a frenar la inmigración.
La IV Guerra Mundial, con su proceso de destrucción/ despoblamiento y reconstrucción/ reordenamiento, provoca el desplazamiento de millones de personas. Su destino será el seguir errantes, con su pesadilla a cuestas, y ofrecer a los trabajadores con empleo en las distintas naciones una amenaza a su estabilidad laboral, un enemigo para suplir la imagen del patrón, y un pretexto para darle sentido a la sinrazón racista que el neoliberalismo promueve.
PIEZA 4:
Mundialización financiera y globalización de la corrupción y el crimen
(se construye dibujando un rectángulo)
Los medios masivos de comunicación nos regalan una imagen de los dirigentes de la delincuencia mundial:
hombres y mujeres, vestidos estrafalariamente, viviendo en mansiones ridículas o tras los barrotes de una
cárcel. Pero esa imagen oculta más de lo que muestra: ni los verdaderos jefes de las mafias modernas,
ni su organización, ni sus influencias reales en los terrenos económico y político, son divulgados
públicamente.
Si usted piensa que el mundo de la delincuencia es sinónimo de ultratumba y oscuridad, está equivocado.
Durante el período de la llamada "guerra fría", el crimen organizado fue adquiriendo una
imagen más respetable y no sólo empezó a funcionar como cualquier empresa moderna, también
fue penetrando profundamente en los sistemas políticos y económicos de los Estados nacionales. Con
el inicio de la IV Guerra Mundial, la implantación del "nuevo orden mundial", y su consiguiente
apertura de mercados, privatizaciones, la desregulación del comercio y las finanzas internacionales, el
crimen organizado "globalizó" sus actividades.
"Según la ONU, los ingresos mundiales anuales de las organizaciones criminales transnacionales (OCT) son del orden de 1000 miles de millones de dólares, un monto equivalente al PNB combinado de países de ingreso débil (según la categorización de la banca mundial) y de sus 3 mil millones de habitantes. Esta estimación toma en cuenta tanto el producto del tráfico de droga, las ventas ilícitas de armas, el contrabando de materiales nucleares, etc., y las ganancias de las actividades controladas por las mafias (prostitución, juego, mercado negro de divisas...). En cambio, no mide la importancia de las inversiones continuamente realizadas por las organizaciones criminales dentro de la esfera de control de negocios legítimos, ni tampoco la dominación que ellas ejercen sobre los medios de producción dentro de numerosos sectores de la economía legal" (Michel Chossudovsky, "La corruption mondialisée" en Géopolitique du Chaos. Op.cit.).
Las organizaciones criminales de los 5 continentes han hecho suyo el "espíritu de cooperación
mundial" y, asociadas, participan en la conquista y reordenamiento de los nuevos mercados. Pero no sólo
en actividades criminales, también participan en negocios legales. El crimen organizado invierte en negocios
legítimos no sólo para "blanquear" el dinero sucio, también para hacerse con capital
para sus actividades ilegales. Las empresas preferidas para esto son las inmobiliarias de lujo, la industria del
ocio, los medios de comunicación, la industria, la agricultura, los servicios públicos y... !la banca!
¿Ali Babá y los 40 banqueros? No, algo peor. El dinero sucio del crimen organizado es utilizado por
los bancos comerciales para sus actividades: préstamos, inversiones en los mercados financieros, compra
de bonos de deuda externa, compra y venta de oro y divisas. "En muchos países, las organizaciones
criminales se han convertido en los acreedores del Estado y ejercen, por su acción sobre los mercados, una
influencia sobre la política macroeconómica de los gobiernos. Sobre las bolsas de valores, ellas
invierten igualmente en los mercados especulativos de productos derivados y de materias primas" (M. Chossudovsky,
Op.cit.).
Por si fuera poco, el crimen organizado cuenta con los llamados paraísos fiscales. En todo el mundo hay,
cuando menos, 55 paraísos fiscales (uno de ellos, en las Islas Caimán, tiene el quinto lugar mundial
como centro bancario y tiene más bancos y sociedades registradas que habitantes). Las Bahamas, las islas
Vírgenes británicas, las Bermudas, San Martin, Vanuatu, las Islas Cook, Isla Mauricio, Luxemburgo,
Suiza, las Islas Anglo-Normandas, Dublín, Mónaco, Gibraltar, Malta, son buenos lugares para que el
crimen organizado se relacione con las grandes firmas financieras del mundo.
Además de "blanqueo" de dinero sucio, los paraísos fiscales son usados para evadir impuestos,
de aquí que sean un punto de contacto entre gobernantes, empresarios y capos del crimen organizado. La alta
tecnología, aplicada a las finanzas, permite la circulación rápida del dinero y la desaparición
de ganancias ilegales. "Los negocios legales o ilegales están cada vez más imbricados, introducen
un cambio fundamental en las estructuras del capitalismo de posguerra. Las mafias invierten en negocios legales
e, inversamente, canalizan recursos financieros hacia la economía criminal, a través del control
de bancos o empresas comerciales implicadas en el blanqueo de dinero sucio o que tienen relaciones con las organizaciones
criminales. Los bancos pretenden que las transacciones son efectuadas de buen fe y que sus dirigentes ignoran el
origen de los fondos depositados. La consigna de no preguntar nada, el secreto bancario y el anonimato de las transacciones,
todo está garantizando los intereses del crimen organizado, protegen a la institución bancaria de
investigaciones públicas y de inculpaciones . No solamente los grandes bancos aceptan blanquear dinero,
en vista de sus pesadas comisiones, sino que también conceden créditos a tasas de interés
elevadas a las mafias, en detrimento de las inversiones productivas industriales o agrícolas" (M.
Chossudovsky, Op. Cit. ).
La crisis de la deuda mundial, en los años 80, provocó que el precio de las materias primas se
fuera para abajo. Esto hizo que los países subdesarrollados vieran reducidos drásticamente sus ingresos.
Las medidas económicas dictadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, supuestamente para
"recuperar" las economías de estos países, sólo agudizaron las crisis de los negocios
legales. En consecuencia, la economía ilegal se ha desarrollado para llenar el vacío dejado por la
caída de los mercados nacionales.
De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, "la intrusión de los sindicatos del crimen ha
sido facilitada por los programas de ajuste estructural que los países endeudados han sido obligados a aceptar
para tener acceso a los préstamos del Fondo Monetario Internacional" (Naciones Unidas, "La
globalización del crimen", Nueva York 1995).
Así que aquí tiene usted el espejo
rectangular donde legalidad e ilegalidad
intercambian reflejos.
¿De qué lado del espejo está el criminal?
¿de cuál el que lo persigue?
PIEZA 5:
¿La legítima violencia de un poder ilegítimo?
(se construye dibujando un pentágono)
El Estado, en el neoliberalismo, tiende a contraerse al "mínimo indispensable". El llamado
"Estado Benefactor" no sólo se convierte en obsoleto; se desprende de todo lo que lo constituía
en tal y queda desnudo.
En el cabaret de la globalización, tenemos el "show" del Estado sobre una "table dance"
que se despoja de todo hasta quedar con su prenda mínima indispensable: la fuerza represiva. Destruida su
base material, anuladas sus posibilidades de soberanía e independencia, desdibujadas sus clases políticas,
los Estados nacionales se convierten, más o menos rápido, en un mero aparato de "seguridad"
de las megaempresas que el neoliberalismo va erigiendo en el desarrollo de este IV Guerra Mundial.
En lugar de que la inversión pública la orienten al gasto social, los Estados nacionales prefieren
mejorar su equipo, armamento y preparación para cumplir con eficacia la labor que la política dejó
de cumplir hace años: el control de la sociedad.
Los "profesionales de la violencia legitima" se llaman a si mismos los aparatos represivos de los
Estados modernos. Pero ¿qué hacer si la violencia está ya bajo las leyes del mercado? ¿Dónde
está la violencia legitima y dónde la ilegítima? ¿Qué monopolio de la violencia
pueden pretender los maltrechos Estados nacionales si el libre juego de la oferta y la demanda desafia ese monopolio?
¿No demostró la pieza 4 que el crimen organizado, los gobiernos y los centros financieros están
más que bien relacionados? ¿No es palpable que el crimen organizado cuenta con verdaderos ejércitos
sin más frontera que el poder de fuego del rival? Así que el "monopolio de la violencia"
no pertenece ya a los Estados nacionales. El mercado moderno lo puso a venta...
Viene a cuento esto porque, debajo de la polémica entre violencia legitima e ilegitima, también está
la disputa (falsa, pienso) entre violencia "racional" e "irracional".
Cierto sector de la intelectualidad mundial (insisto en que su que hacer es más complejo que el simple ser
"de derecha o de izquierda", "progubernamental o de oposición", "etcétera
bueno o etcétera malo") pretende que la violencia se puede ejercer de modo "racional", administrar
de forma selectiva (hay quien, incluso, adelanta algo así como la "mercadotecnia de la violencia")
y aplicar con habilidad "de cirujano" en contra de los males de la sociedad. Algo así inspiró
la pasada etapa armamentista en la Unión Americana: armas "quirúrgicas", precisas, y operaciones
militares como bisturí del "nuevo orden mundial". Así nacieron las "smart bombe"
(que, según me platicó un reportero que cubrió "La tormenta del Desierto", no son
tan "inteligentes" y batallan para distinguir entre un hospital y un depósito de misiles, en la
duda las "smart bombe" no se abstienen, destruyen. En fin, el Golfo Pérsico, como decían
los compañeros de los pueblos zapatistas, está más allá de la capital estatal de Chiapas
(aunque la situación de los kurdos tenga semejanzas espeluznantes con los indígenas de un país
que se precia de ser "democrático" y "libre"), así que no insistamos en "aquella"
guerra cuando tenemos la "nuestra".
Bien, la pugna entre violencia "racional" e "irracional" abre una vía de discusión
interesante y, lamentablemente, no es inútil en los tiempos actuales. Podíamos tomar, por ejemplo,
qué se entiende por "racional". Si se responde que es la "razón del Estado" (suponiendo
que eso existiera y, sobre todo, que se le pudiera reconocer alguna razón al actual Estado neoliberal),
entonces cabe preguntarse si esa "razón de Estado" se corresponde a la "razón de la
sociedad" (siempre suponiendo que la sociedad de hoy retiene algo de racionalidad) y, más todavía,
si la violencia "racional" del Estado es "racional" también a la sociedad. Aquí
no hay mucho que discurrir (como no sea ociosamente), la "razón de Estado" en la modernidad no
es otra que "la razón de los mercados financieros".
Pero ¿cómo administra su "violencia racional" el Estado moderno? Y, ojo a la historia,
¿cuánto tiempo dura esa racionalidad? ¿El tiempo que va desde una a otra elección o
golpe de Estado (según el caso)? ¿Cuántas violencias de Estado, que fueron aplaudidas como
"racionales" en su tiempo, son ahora "irracionales"?
Lady Margareth Thatcher, de "grata" memoria para el pueblo británico, se tomó la molestia
de prologar el libro "The Next War", de Caspar Weinberger and Peter Schweizer (Regnery Publishing,
Inc. Washington, D. C. 1996). En este texto, la señora Thatcher, adelanta algunas reflexiones sobre
las 3 similitudes entre el mundo de la Guerra Fría y el de la Pos Guerra Fría. La primera de ellas
es que el "mundo libre" nunca carecerá de agresores potenciales. La segunda es la necesidad de
una superioridad militar de los "Estados democráticos" sobre los posibles agresores. La tercera
similitud es que tal superioridad militar debe ser, sobre todo, tecnológica.
Para terminar su prólogo, la llamada "dama de hierro" define la "racionalidad violenta"
de los Estados modernos al señalar: "Una guerra puede ocurrir de muchas maneras diferentes. Pero
la peor usualmente pasa porque un poder cree que puede alcanzar sus objetivos sin una guerra o al menos con una
guerra limitada que puede ser ganada rápidamente -y, en consecuencia, fallan los cálculos".
Para los señores Weinberger y Schweizer los escenarios de las "Guerras Futuras" son: Corea
del Norte y China (abril, 6 de 1998), Irán (abril, 4 de 1999), México (marzo, 7 del 2003) Rusia (febrero,
7 del 2006) y Japón (agosto 19, de 2007). No hay, pues, duda de quiénes serian los posibles agresores:
asiáticos, árabes, latinos y europeos.. Casi la totalidad del mundo es considerado "posible
agresor" de la "democracia" moderna!
Lógico (cuando menos en la lógica liberal): en la modernidad, el poder (es decir, el poder financiero)
sabe que sólo puede "alcanzar sus objetivos" con una guerra, y no con una "guerra limitada
que puede ser ganada rápidamente", sino con una guerra totalmente total, mundial en todos los sentidos.
Y, si le creemos a la nueva Secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, cuando dice: "Uno
de los objetivos prioritarios de nuestro gobierno es el de asegurar que los intereses económicos de Estados
Unidos puedan extenderse a escala planetaria" (The Wall Street Journal, 21/1/1997), entonces debemos entender
que todo el mundo (y quiero decir "todo todo") es el teatro de operaciones de este guerra.
Es de entender, entonces, que si la disputa por el "monopolio de la violencia" no se da de acuerdo a
las leyes del mercado, sino que es desafiado desde abajo, el poder mundial "descubra" en ese reto a un
"posible agresor". Este es uno de los desafíos (de los menos estudiados y más "condenados",
entre los muchos que representa) lanzado por los indígenas en armas y en rebeldía del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en contra del neoliberalismo y por la humanidad...
PIEZA 6:
La Megapolitica y los enanos
(se construye dibujando un garabato)
Antes dijimos que los Estados nacionales son atacados por los centros financieros y "obligados" a
disolverse dentro de las megápolis. Pero el neoliberalismo no sólo opera su guerra "uniendo"
naciones y regiones. Su estrategia de DESTRUCCION/ DESPOBLAMIENTO y RECONSTRUCCION/ REORDENAMIENTO produce una
o varias fracturas en los Estados nacionales.
Esta es la paradoja de la IV Guerra Mundial: hecha para eliminar fronteras y "unir" naciones, lo que
va dejando tras de sí es una multiplicación de las fronteras y una pulverización de las naciones
que perecen en sus garras. Más allá de los pretextos, ideologías o banderas, la actual dinámica
MUNDIAL de quiebra de la unidad de los Estados nacionales responde a una política, igualmente mundial, que
sabe que puede ejercer mejor su poder, y crear las condiciones óptimas para su reproducción, sobre
las ruinas de los Estados nacionales.
Si alguien tuviera alguna duda sobre este caracterizar al proceso de globalización como una guerra mundial,
debería desecharla al hacer cuentas de los conflictos que provocaron y han sido provocados por los colapsos
de algunos Estados nacionales. Checoslovaquia, Yugoslavia, la URSS, son muestras de la profundidad de estas crisis
que dejan hechos añicos no sólo los fundamentos políticos y económicos de los Estados
nacionales, también las estructuras sociales. Eslovenia, Croacia y Bosnia, además de la presente
guerra dentro de la Federación Rusa con Chechenia de escenario, no sólo marcan el destino de la trágica
caída del campo socialista en los fatídicos brazos del "mundo libre", en todo el mundo
este proceso de fragmentación nacional se repite en escale e intensidad variables Hay tendencias separatistas
en el Estado español (País Vasco, Cataluña y Galicia), en Italia (Padania), en Bélgica
(Flandres), en Francia (Córcega), en el Reino Unido (Escocia y el País de Gales) y en Canadá
(Quebec) Y hay más ejemplos en el resto del mundo.
Ya nos referimos al proceso de construcción de las megápolis; ahora hablamos de la fragmentación
de países. Ambos procesos se dan sobre la destrucción de los Estados nacionales. ¿Se trata
de dos procesos paralelos, independientes? ¿Dos facetas del proceso de globalización? ¿Son
síntomas de una megacrisis aún por estallar? ¿Meros hechos aislados?
Pensamos que se trata de una contradicción inherente al proceso de globalización, una de las esencias
del modelo neoliberal. La eliminación de fronteras comerciales, la universalidad de las telecomunicaciones,
las superautopistas de la información, la omnipresencia de los centros financieros, los acuerdos internacionales
de unidad económica, en fin, el proceso de globalización en su conjunto produce, al liquidar los
Estados nacionales, una pulverización de los mercados internos. Estos no desaparecen o se diluyen en los
mercados internacionales, sino que consolidan su fragmentación y se multiplican.
Sonará contradictorio, pero la globalización produce un mundo fragmentado, lleno de pedazos aislados
unos de otros (y no pocas veces enfrentados entre sí). Un mundo lleno de compartimentos estancos, comunicados
apenas por frágiles puentes económicos (en todo caso, tan constantes como la veleta de viento que
es el capital financiero). Un mundo de espejos rotos, reflejando la inútil unidad mundial del rompecabezas
neoliberal.
Pero el neoliberalismo no sólo fragmenta el mundo que supone unir, también produce el centro politico-económico
que dirige este guerra. Y si, como señalamos antes, los centros financieros imponen su ley (la del mercado)
a naciones y a grupos de naciones, entonces deberíamos redefinir los límites y alcances de este política,
es decir, del que hacer político. Conviene entonces hablar de la megapolitica, en ésta seria
donde se decidiría el "orden mundial".
Y cuando decimos "megapolitica" no nos referimos al número de quienes en ella se mueven. Son pocos,
muy pocos, los que se encuentran en este "megaesfera". La megapolitica globaliza las políticas
nacionales, es decir, las sujeta a una dirección que tiene intereses mundiales (que por lo regular son contradictorios
a los intereses nacionales) y cuya lógica es la del mercado, es decir, la de la ganancia económica.
Con este criterio economicista (y criminal) se decide sobre guerras, créditos, compra y venta de mercancías,
reconocimientos diplomáticos, bloqueos comerciales, apoyos políticos, leyes de migración,
golpes de Estado, represiones, elecciones, unidades políticas internacionales, rupturas políticas
intranacionales, inversiones, es decir, la supervivencia de naciones enteras.
El poder mundial de los centros financieros es tan grande que pueden prescindir de la preocupación por
el signo político de quién detente el poder en una nación, si es que se garantiza que el programa
económico (es decir, la parte que corresponde al megaprograma económico mundial) no se altera. Las
disciplinas financieras se imponen a los distintos colores del espectro político mundial en cuanto se llega
al gobierno de una nación.
El gran poder mundial puede tolerar un gobierno de izquierda en cualquier parte del mundo, siempre y cuando ese
gobierno no tome medidas que vayan en contra de las disposiciones de los centros financieros mundiales. Pero de
ninguna manera tolerará que una alternativa de organización económica, política y social,
se consolide. Para la megapolítica, las políticas nacionales son hechas por enanos que deben plegarse
a los dictados del gigante financiero. Así será, hasta que los enanos se rebelen...
PIEZA 7:
Las bolsas de resistencia
(se construye dibujando una bolsa)
"Para empezar, te ruego no confundir la Resistencia con la oposición política. La oposición
no se opone al poder sino a un gobierno, y su forma lograda y completa es la de un partido de oposición;
mientras que la resistencia, por definición (ahora, si), no puede ser un partido: no está hecha para
gobernar a su vez, sino para ... resistir ".
Tomás Segovia, "Alegatorio", México, 1996.
La aparente infalibilidad de la globalización choca con la terca desobediencia de la realidad. Al mismo
tiempo que el neoliberalismo lleva adelante su guerra mundial, en todo el planeta se van formando grupos de inconformes,
núcleos de rebeldes. El imperio de las bolsas financieras enfrenta la rebeldía de las bolsas de resistencia.
Sí, bolsas. De todos los tamaños, de diferentes colores, de las formas más variadas. Su única
semejanza es su resistirse al "nuevo orden mundial" y al crimen contra la humanidad que conlleva la guerra
neoliberal.
Al tratar de imponer su modelo económico, político, social y cultural, el neoliberalismo pretende
subyugar a millones de seres, y deshacerse de todos aquellos que no tienen lugar en su nuevo reparto del mundo.
Pero resulta que estos "prescindibles" se rebelan y resisten contra el poder que quiere eliminarlos.
Mujeres, niños, ancianos, jóvenes, indígenas ecologistas, homosexuales, lesbianas, seropositivos,
trabajadores y todos aquellos y aquellas que no sólo "sobran", sino que también "molestan"
al orden y el progreso mundiales, se rebelan, se organizan y luchan. Sabiéndose iguales y diferentes, los
excluidos de la "modernidad" empiezan a tejer las resistencias en contra del proceso de destrucción/
despoblamiento y reconstrucción/ reordenamiento que lleva adelante, como guerra mundial, el neoliberalismo.
En México, por poner un ejemplo, el llamado "programa de desarrollo integral del Istmo de Tehuantepec"
pretende construir un moderno centro internacional de distribución y ensamble de mercancías. La zona
de desarrollo abarca un complejo industrial en el que se refina la tercera parte del crudo mexicano y se elabora
el 88% de los productos petroquímicos. Las vías de tránsito interoceánico consistirán
en carreteras, una ruta fluvial aprovechando el tendido natural de la zona (río Coatzacoalcos) y, como eje
articulador, la línea del ferrocarril transístmico (a cargo de 5 empresas, 4 de EE.UU. y 1 de Canadá).
El proyecto sería zona ensambladora bajo el régimen de maquiladoras. Dos millones de pobladores del
lugar pasarían a ser estibadores, controladores de paso o maquiladores (Ana Esther Cecena, "El Istmo
de Tehuantepec; frontera de la soberanía nacional", "La jornada del Campo", 28 de
mayo, 1997). También en el sureste mexicano, en la selva Lacandona, se echa a andar el "Programa de
Desarrollo Regional Sustentable para la Selva Lacandona". Su objetivo real es poner a disposición del
capital las tierras indígenas que, además de ser ricas en dignidad e historia, también lo
son en petróleo y uranio.
El resultado previsible de estos proyectos será, entre otros, la fragmentación de México (separando
al sureste del resto del país). Además, y ya que de guerras hablamos, los proyectos tienen implicaciones
contrainsurgentes. Forman parte de una pinza para liquidar al rebeldía antineoliberal que explotó
en 1994. En medio quedan los indígenas rebeldes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN).
(Ya en el tema de indígenas rebeldes conviene un paréntesis: los zapatistas piensan que, en México (ojo, en México) la recuperación y defensa de la soberanía nacional es parte de una revolución antineoliberal. Paradójicamente, el EZLN es acusado de pretender la fragmentación de la nación mexicana. La realidad es que los únicos que han hablado de separatismo son los empresarios del Estado de Tabasco (rico en petróleo) y los diputados federales chiapanecos que pertenecen al PRI. Los zapatistas piensan que es necesaria la defensa del Estado nacional frente a la globalización, y que los intentos de partir a México en pedazos vienen del grupo gobernante y no de las justas demandas de autonomía para los pueblos indios. El EZLN, y lo mejor del movimiento indígena nacional, no quieren que los pueblos indios se separen de México, sino ser reconocidos como parte del país con sus especificidades. No sólo eso; quieren un México con democracia, libertad y justicia. Las paradojas siguen porque, mientras el EZLN lucha por la defensa de la soberanía nacional, el Ejército Federal Mexicano lucha contra esa defensa y defiende a un gobierno que ha destruido ya las bases materiales de la soberanía nacional y ha entregado el país, no solo al gran capital extranjero, también al narcotráfico).
Pero no sólo en las montañas del sureste mexicano se resiste y se lucha contra el neoliberalismo. En otras partes de México, en América Latina, en Estados Unidos y Canadá, en la Europa del Tratado de Maastricht, en Africa, en Asia y en Oceanía, las bolsas de resistencia se multiplican. Cada una de ellas tiene su propia historia, sus diferencias, sus igualdades, sus demandas, sus luchas, sus logros. Si la humanidad tiene todavía esperanzas de supervivencia, de ser mejor, esas esperanzas están en las bolsas que forman los excluidos, los sobrantes, los desechables.
Hay, a no dudarlo, más piezas del rompecabezas neoliberal. Por ejemplo: los medios de comunicación,
la cultura, la polución, las pandemias. Aquí sólo hemos querido mostrarle el trazo de 7 de
ellas.
Estas 7 bastan para que usted, después de dibujarlas, colorearlas y recortarlas, se dé cuenta de
que es imposible armarlas juntas. Y este es el problema del mundo que la globalización ha pretendido rearmar:
las piezas no encajan.
Por esto, y por otras razones que no vienen al espacio de este texto, es necesario hacer un mundo nuevo. Un mundo
donde quepan muchos mundos, donde quepan todos los mundos...
SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS. Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Reposa la mar a mi lado. Comparte desde hace tiempo angustias, incertidumbres y no pocos sueños, pero
ahora duerme conmigo la caliente noche de la selva. Yo miro su frigo agitado en el sueño y me maravillo
de nuevo al encontrarla a ella como es ley: tibia, fresca y a mi lado. La asfixia me saca del lecho y toma mi mano
y la pluma para traer al Viejo Antonio hoy, como hace años...
He pedido al Viejo Antonio que me acompañe en una exploración río abajo. No llevamos más
que un poco de pozal para comer. Durante horas seguimos el caprichoso cauce y el hambre y el calor aprietan. Toda
la tarde la pasamos tras una piara de jabalíes. Casi anochece cuando le damos alcance, pero un enorme censo
(puerco de monte) se desprende del grupo y nos ataca. Yo saco a relucir todos mis conocimientos militares, dejo
tirada mi arma y me trepo al árbol más cercano. El Viejo Antonio queda inerme ante el ataque, pero
en lugar de correr, se pone tras una maraña de bejacos. El gigantesco jabalí arremete de frente y
con toda su fuerza, pero queda atrapado entre las lianas y las espinas. Antes de que pueda librarse, el Viejo Antonio
levanta su vieja chimba y, de un tiro en la cabeza, resuelve la cena de ese día.
Ya en la madrugada, cuando he terminado de limpiar mi moderno fusil automático (un M-16, calibre 5.56 mm,
con un selector de cadencia y alcance efectivo de 460 metros, además de mira telescópica, bipié
y cargador de "drum" con 90 tiros), escribo en mi diario de campaña y, omitiendo todo lo sucedido,
sólo anoto: "Topamos puerco y A. mató una pieza. Altura 350 ms. No llovió".
Mientras esperamos que se cueza la carne, le cuento al Viejo Antonio que la parte que me toca servirá
para las fiestas que se preparan en el campamento. "¿Fiestas?", me pregunta mientras atiza el
fuego. "Sí ", le digo, "No importa el mes, siempre hay algo que celebrar". Después
sigo con lo que yo supuse era una brillante disertación sobre el calendario histórico y las celebraciones
zapatistas. En silencio escucha el Viejo Antonio y, suponiendo que no le interesa, me acomodo para dormir.
Entre sueños miro al Viejo Antonio tomar mi cuaderno y escribir algo. En la mañana, repartimos la
carne después del desayuno y cada uno toma su camino. Ya en nuestro campamento, reporto al mando y le muestro
la bitácora para que sepa lo ocurrido. "Esta no es tu letra", me dice mientras me muestra la hoja
del cuaderno. Ahí, al final de lo que yo anoté ese día, el Viejo Antonio había escrito
con letras grandes:
"Si no puedes tener la razón y la fuerza, escoge siempre la razón y deja que el enemigo
tenga la fuerza. En muchos combates puede la fuerza obtener la victoria, pero en la lucha toda sólo la razón
vence. El poderoso nunca podrá sacar razón de su fuerza, pero nosotros siempre podremos obtener fuerza
de la razón".
Y más abajo, con letra mas pequeña: "Felices fiestas".
Ni para qué decirlo, se me quitó el hambre. Las fiestas, como siempre, estuvieron bien alegres. "La
del mono colorado" estaba todavía, felizmente, muy lejos del "hit parade" de los zapatistas...
(from Le Monde Diplomatique, ed.española agosto, setiembre 1997)